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Estamos a seis meses escasos de recordar el tremendo y devastador terremoto del 23 de diciembre del siglo pasado, que al destruir Managua terminó con la vida de millares de personas, cubriendo de luto a muchas familias y también en parte cambiándola a casi la generalidad. En esa fatídica ocasión en lo personal (en dicha fecha era mi cumpleaños), aunque tuve una considerable pérdida material, mi cambio se efectuó del siete a diez de junio, siendo eso a lo que aludo al inicio.

Habiendo, por gracia de DIOS, con mi familia salido ilesos del siniestro, que con otras considerables pérdidas también destruyó nuestra casa, de inmediato fuimos a mi finca La Ceiba, que posteriormente nos fue confiscada; y de ahí viajaba con frecuencia a mi otra finca San Silvestre, pasando a mediado del trayecto por la finca de mi buen amigo Juan Tijerino, que con su amable esposa y sus pequeños hijos se estaban buenas temporadas; y yo de paso, allí descansaba.

Él había hecho un Cursillo de Cristiandad y como auténtico cristiano tomó la vivencia de la fe muy en serio; y cumpliendo a cabalidad en todo concepto el lema de los Cursillos de ser levadura, e integrado de lleno a dicho movimiento, a sabiendas de mis problemas e inquietudes, me hizo ver que se agrandan si uno se ha apartado de Dios; y es víctima fácil de esas ideas locas que son las que poco a poco arrastran a un acendrado materialismo.

Así entonces mi amigo Juan, cumpliendo su misión, me convenció que solamente acercándose a la luz, es que se puede ver con claridad y saber evitar los obstáculos que con frecuencia se presentan en la vida peregrina que recibimos del Omnipotente Creador de todo lo que existe; y que con la subsistencia nos ha dado también el raciocinio necesario para aun los ciegos de nacimiento con los ojos espirituales puedan distinguir la luz de las tinieblas, así como el bien del mal.

Y convencido por él, que a la vez para ello fue mi padrino, los días señalados se efectuó el Cursillo, al que asistí llevando qué leer o escribir, pues me había dicho que era tiempo vacacional y bien podía hacerlo. De cierto que fue una mentirita, pero extremadamente provechosa. La portentosa enseñanza recibida me ha servido muy bien para el resto de lo que según la voluntad de Dios me quede de esta azarosa vida. Aprendí a no preocuparme por nada y ocuparme de lo que puedo.

Así, a los 40 años de esos tres días del año 73 del siglo pasado, los testimonios expuestos por el Rector y los Dirigentes, con la iluminación del Santo Espíritu hicieron que mis materializados ojos se abriesen y que su espiritual y radiante luz me iluminara para ver con claridad la vida en la dimensión del amor, que Dios en su Omnipotencia misericordiosa tiene con sus creaturas predilectas, nosotros los humanos; y que de hecho unos más y otros menos en exceso le fallamos.

Aun los que hemos recibido la gracia de la fe y múltiples bendiciones, por cierto erróneo respeto humano, en vez de proclamarle, transmitir su mensaje de amor y adorarle, uniéndonos al mundo secular y dando también mal ejemplo, de continuo le fallamos. Si somos cristianos debemos vivir como tales y ser testigos de Nuestro Señor en todo momento y lugar, siendo al mismo tiempo auténtica levadura del bien.

Como recientemente leí: Si crees en Cristo, que se te note.

 

* Miembro de Ciudad de Dios y Redemptoris Hominis

migdonioblandon@msn.com