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Para muchos es motivo de alegría los tratados y proyectos sociales, así como las esperanzas de integración que proyecta la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA). Como latinoamericano me gustaría ver una unión latinoamericana robusta y exitosa. No obstante, independientemente de mis deseos, la historia universal nos da pistas de cómo se han formado exitosas alianzas, lo cual no se asemeja a lo que ha ocurrido en América Latina.

Después de los esfuerzos de Simón Bolívar en Sudamérica, Francisco Morazán en Centroamérica y muchos otros unionistas, nunca se dio la unión latinoamericana. Hace más de ochenta años, Augusto C. Sandino escribió su exordio, donde plantea de forma específica cómo conformar la ciudadanía o la unidad latinoamericana. Desafortunadamente, los Estados Unidos en esa época ya influenciaba grandemente la política de grandes países como Argentina, Brasil y Chile, sin omitir las bases militares que mantenía en países de Centroamérica y el Caribe.

En todo caso, la visión de Sandino fue ignorada y más allá de la solidaridad moral de algunos latinoamericanos, no tuvo mayores repercusiones. Por lo general, las uniones requieren de grandes esfuerzos y países líderes que cuentan con poder económico, organización e incluso competencias para negociaciones difíciles. Solo daré unas pinceladas sobre la unión de los Estados Unidos y la Unión Europea.

Entre 1861 y 1865 hubo una guerra civil en los Estados Unidos. Los unionistas del norte (yankees) vencieron a los confederados del sur, quienes deseaban mantener la esclavitud de los negros. Los unionistas ganaron la guerra y llevaron el progreso al resto del país. Los líderes de ese país tuvieron visión y lograron mantener un sistema donde cada uno de los estados tuviera su representación en las instituciones gobernantes correspondientes. Cabe destacar que el respeto y el cumplimiento de las leyes dentro de ese país siempre han sido de suma importancia para la consolidación de la nación estadounidense, independientemente de la gran cantidad de inmigrantes que han llegado de diferentes partes del mundo durante varios siglos.

Por otro lado, si echamos un vistazo al nacimiento de la Unión Europea, podemos ver que las iniciativas de integración se remontan muchas décadas atrás con distintas iniciativas de cooperación. En esos procesos de integración o unificación ha habido avances y retrocesos, pero es evidente que los países que promovieron y promueven esas visiones de unificación han sido los más poderosos en términos financieros y militares. Cuando se han tenido que implementar nuevos procesos ha habido ganadores y perdedores, pero al final del día los beneficios de cualquier unión y cooperación—entre pueblos—superan con creces los esfuerzos de países que no han logrado una integración verdadera, en función de flujo de capitales, bienes, proyectos y personas entre estas naciones.

En fin, tengo serias dudas sobre la integración latinoamericana, actualmente promovida por el ALBA, porque no puedo encontrar las características mencionadas anteriormente de procesos semejantes en otras uniones exitosas en la historia occidental. Si bien es cierto el coloso del norte, por supuesto, no se ha interesado en la integración en América Latina, también hay otros factores de carácter cultural latinoamericano—excesiva burocracia, ineficiencia, inseguridad ciudadana, conceptos de soberanía, corrupción, etc. —que en la actualidad no permiten dicha unión, sin omitir la incapacidad de ser independientes principalmente en términos económicos.

 

* Escritor bilingüe y traductor