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“La felicidad consiste en tener dos cosas en la vida:

una buena biblioteca y un bello jardín”.

Cicerón

 

Dedicado a: Mayra de Picasso.

 

En abril del año 1993 hice un curso de informática educativa en la ciudad de San José, Costa Rica. Fue una verdadera experiencia con las computadoras y allí me enteré que pronto tendríamos en todo el mundo el Internet. Me acuerdo que tuve a dos profesores, un biólogo y un filósofo.

Durante la semana que estuve en la fundación Omar Dengo que nos ofreció la beca, la tesis del biólogo norteamericano me llamó poderosamente la atención. Él nos contaba que era un gran amante de la teoría de la evolución y que había venido a estudiarla en las selvas tropicales de ese país. Posteriormente se decepcionaría: lo que estaba estudiando y analizando era el producto final (hasta el día de hoy) de la evolución, y no su proceso. Nos contaba que se dedicó a la computación y aplicó principios similares a los distintos sistemas “software”, fusionándolos unos con otros con espléndidos resultados. En algunas revistas científicas de su país fueron publicados muchos de sus artículos.

Durante todo el curso siempre mantuve un espíritu crítico, haciendo siempre la misma pregunta a todos mis profesores: ¿Qué desventajas nos puede traer esta nueva tecnología a nuestras vidas? Por supuesto que jamás recibí una contestación satisfactoria a mis demandas. Ahora que ya han pasado más de 30 años tengo a la mano algunas respuestas que a continuación expondré:

Es cierto que la computadora e Internet han revolucionado la cultura a nivel mundial en muchos sentidos tanto positivos como negativos. Hoy tenemos acceso a cualquier clase de información que solicitemos, pero también tenemos la desventaja de que “demasiada información” no puede ser procesada adecuada y meditativamente por nuestras inteligencias.

Cuando navegamos por Internet corremos el riesgo de perdernos en un mar infinito de saberes. Comenzamos con querer informarnos sobre algún tema específico y terminamos interesándonos por otros ajenos a nuestro inicial interés. Esto indudablemente produce un caos mental, un desorden conceptual y una pérdida, a la larga, de la propia identidad personal. Navegar en Internet significa, en otras palabras, “naufragar” en un mar bravo e impetuoso de información y novedades.

Otro aspecto que también es sumamente grave, es el tiempo que invertimos frente a una pantalla de computadora. Pareciera que la “realidad virtual” de la cultura cibernética consumiera en su totalidad nuestra verdadera y real vida. Por eso, cuando alguien me dice que los libros tradicionales están condenados a la extinción, suelo reírme a carcajadas.

Confucio decía que hay una enorme diferencia entre un erudito y un sabio: el erudito es el que acumula información, algo parecido a lo que hoy hacen nuestros internautas, y el sabio, en cambio, es el que tiene tiempo y la paciencia para “reflexionar” sobre lo que se ha aprendido, ya sea en la escucha de un buen maestro o en la lectura de un buen libro.

Las bibliotecas son como los museos de la cultura de la humanidad en donde podemos aprender muchas ciencias, con un espíritu sereno y reposado. Los libros nos invitan a abrirlos en la soledad y el silencio de nuestras mentes.

Cuando me siento triste, solo, desanimado o bien desalentado por muchos pesares, entro a mi biblioteca y me dejo atrapar por el primer libro que me llame la atención. Lo abro lentamente y empiezo a gozar de los nuevos saberes que voy adquiriendo en el transcurso de su lectura.

Los libros trascienden el espacio y el tiempo, no importa dónde estemos o qué autor del pasado leamos. Es como entrar en otra dimensión en donde solo se respira paz y sublimidad, y es allí en donde nuestro espíritu adquiere verdadera cultura. Comenzamos por conocernos a nosotros mismos, para después aventurarnos a la conquista del desarrollo de todos nuestros talentos, sean estos científicos, literarios o artísticos.

Finalmente, quisiera agradecer a quien dedico este artículo, quien fue la que me consiguió la beca y últimamente me ha donado invaluables libros para enriquecer mi biblioteca.

 

* Ph. D. Catedrático de Keiser University