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“Y hacía que a todos…se les pusiese una marca…y que ninguno pudiese comprar ni vender sino el que tuviese la marca.” Apocalipsis 13: 16-17

 

Me recuerdo hace 30 años formando una larga fila en las afueras de un “supermercado del pueblo”, pretendiendo comprar productos básicos a bajo costo. Con tristeza, logré salir muchas horas después, con dos pequeñas bolsas plásticas en cuyo interior acogía como preciadas joyas: dos rollos de papel higiénico –sin empaque ni etiqueta— de dudosa calidad.

Agobiados por la calurosa e interminable espera, comentábamos nuestra triste realidad culpando entre pláticas y cuechos al imperialismo yanqui y la novena sandinista. Pocos mencionaron que esta práctica era un ejercicio rutinario y tedioso impuesto en los países socialistas durante el siglo XX bajo el estigma de la Guerra Fría.

Después de la caída del bloque socialista soviético ¿Por qué racionar alimentos y productos básicos en un país petrolero? En esta Venezuela de Maduro, hoteles lujosos se prestan reservas de productos de aseo personal, mientras los venezolanos pelean en los supermercados por un rollo de papel higiénico. Parece broma: tampoco hay pañales ni vino para misas. Es la imagen del Socialismo del siglo XXI ¿Qué sucede?

En 2010, descubrieron bacterias nocivas en el papel sanitario reciclado proveniente de China. La República Bolivariana de Venezuela se transformó en un excelente destino de las exportaciones chinas, las cuales ingresan por las aduanas sin ninguna verificación. Es un papel sin calidad. Para su consumo doméstico los chinos usan papel higiénico elaborado con pulpa virgen, limpia en lo absoluto.

La inflación y escasez registrada en Venezuela en Abril (2013) superó la registrada por buena parte de los países de América Latina a lo largo de 2012. El índice nacional de precios al consumidor se elevó en 4.3% reflejado en una inflación anual de 29.4%. Los niveles de producción deprimen tanto –después de la expropiación chavista de las principales fábricas de alimentos— que el control e incremento de precios en productos básicos como harina, leche y carnes –por mencionar algo— es una norma establecida por el gobierno de Maduro.

En Venezuela, el déficit de alimentos básicos era en promedio 5% antes de 2003. Se triplicó al aplicarse el control de precios. El Banco Central de Venezuela registró un índice de 16.3%. La regulación de precios produjo alzas en la materia prima importada desde 2008 alcanzando la cifra histórica de 24.7%. En 10 años se destruyó la capacidad corporativa para invertir y capitalizar inventario por prohibición tácita a falta de divisas y liquidez en dólares.

Los productos controlados aumentaron una tercera parte, lo que generó una baja producción. Con cinismo, Maduro presiona y denuncia acaparamiento. Es imposible producir con pérdidas y costos elevados que asfixian la operatividad empresarial. En un país con gran capacidad energética ¿Cómo es posible admitir fallas de suministro eléctrico entre 2009 y 2012?

Después del paro petrolero, la regulación de precios se volvió permanente y aunque no es un problema exclusivo del chavismo, el aumento del precio del petróleo no se ha hecho notar en la escasez actual que sin dar tregua ha obligado al gobierno a practicar el trueque petrolero con los países del ALBA. Azúcar, carne, café, leche… por petróleo: una simple y primitiva relación de valor en una relación social de producción.

Nadie necesita ser un genio financiero para deducirlo. Se trata del mayor desabastecimiento soportado durante 14 años en Venezuela que ha obligado a sugerir una ineficaz solución cubana: la libreta de racionamiento, para evitar que el pueblo consumidor sobrepase la compra de productos de primera necesidad. Solo fue otro ensayo frustrado, por ahora, de la marca apocalíptica.

 

* Médico cirujano