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Hoy día nadie permanece indiferente a la situación actual y futura del petróleo. Los medios de comunicación nos informan constantemente los precios de los combustibles, las pugnas de las grandes potencias para controlar las fuentes y reservas de petróleo, y la contaminación ambiental causada por los derrames catastróficos.

La teoría del “pico de Hubbert” predice que la producción mundial de petróleo alcanzará su techo (peak oil) y después declinará tan rápido como creció, señalando que el factor limitador de la extracción es la energía requerida y no su coste económico.

Para la Agencia Internacional de la Energía (AIE) el techo petrolero se alcanzó en 2006, mientras que la Asociación para el Estudio del Pico del Petróleo y el Gas (ASPO en inglés) señala que tal evento ocurrió en 2010. Otros especialistas sitúan el techo petrolero en la presente década, pero en todo caso antes de 2030.

Por otro lado, la tendencia decreciente desde 1850 de la Tasa de Retorno Energético (TRE) del petróleo indica que el agotamiento de esta fuente de energía se producirá no necesariamente hasta que las reservas mundiales lleguen a cero, sino, cuando el coste energético de extracción de las reservas sea igual al contenido energético de dichas reservas.

Muchos apoyan la tesis de que ya iniciamos la segunda mitad de la era del petróleo: un petróleo tardío, de pobre calidad, mayor coste económico y con numerosos problemas sociales y ambientales. Para el futuro se prevén alzas de precio y mayor control y acaparamiento del crudo por parte de las potencias mundiales y grupos oligopólicos. Pero también se abren grandes posibilidades a la producción de energía renovable.

A pesar que la política energética de los próximos 15 años contiene la clave del futuro del mundo y de la supervivencia de nuestra civilización, preocupa que muchos países no están considerando seriamente aplicar políticas preventivas y de gestión del riesgo, ya que destinan pocos recursos a la investigación en eficiencia energética, energías renovables y combustibles alternativos.

A pesar de este panorama sombrío, algunos estados, ciudades o regiones vienen trabajando silenciosamente a favor de la independencia energética reduciendo el consumo de combustibles fósiles, impulsando la captación de energías renovables y la eficiencia energética. California, Australia, Noruega, han optado por reducir su vulnerabilidad a la escasez y carestía del petróleo que se avecina y han desarrollado iniciativas para buscar alternativas tecnológicas a ese producto.

Totnes (en Reino Unido), inició el movimiento comunal hacia la autosuficiencia e independencia de los combustibles fósiles en septiembre de 2006. Ese movimiento se ha extendido a todos los rincones del planeta, desde Chile hasta Japón pasando por India o Nueva Zelanda. En España van hacia esta transición con iniciativas interesantes.

Se están desarrollando nuevas tecnologías experimentales con gran potencial energético. La del profesor Takashi Yabe, del instituto de tecnología de Tokyo, está basada en reciclar el óxido de magnesio, metal inflamable que produce mucha energía y no genera gases de efecto invernadero.

Otra es el cultivo de algas marinas para producir combustibles. Algunas iniciativas en este campo están consiguiendo magníficos resultados: La empresa Aquaflow (en Nueva Zelanda); la compañía Algae Biofuel, con equipos en Arizona y Australia; la empresa Seambiotic (en Israel); la multinacional Oilf-Fox (en Argentina); la Universidad de Ciencia y Tecnología Marina de Tokio (en Japón); y BioFull Systems (en España).

La celeridad de los gobiernos en tomar conciencia del techo de los combustibles fósiles y su compromiso para implementar a mediano plazo alternativas energéticas no petroleras, serán los factores claves que definirán el futuro económico de los países.

 

* Economista