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El análisis sistémico de la situación política, que Europa presentaba anterior a la Segunda Guerra Mundial, demuestra serias contradicciones no solo entre la URSS y los países capitalistas, sino dentro del mismo seno capitalista, heredadas por los resultados de la Primera Guerra Mundial y el afán de la Alemania hitleriana de revertir lo mandatado en el Tratado de Versalles de 1919.

De ahí que la existencia de ese triángulo de intereses opuestos marcaría la tónica estratégica de todos en la búsqueda de alianzas en el continente. La labor de la diplomacia y la de los servicios de inteligencia soviéticos integraban el canal de información por excelencia con la que contaba el Estado soviético. Esas estructuras trataron de implementar diversas medidas para prevenir la catástrofe a su Estado, lo que al final contribuyó en mucho a la conducta y reacción de la URSS hasta el inicio de la Primera Guerra.

El tercer tomo de historia de la Inteligencia Política Soviética publicado en 1997, que bajo la redacción del académico Primakov comprende el período de 1933 hasta 1941, destaca con amplitud diversas acciones secretas que los estados capitalistas fraguaban contra el Estado Soviético.

El frente diplomático, ya en 1935, logra que la URSS firme con Checoslovaquia y Francia un acuerdo de ayuda mutua, en el primer intento de lo que hoy se conoce como seguridad colectiva. Lo que demuestra que sí había certeza de que en el continente tarde o temprano habría una guerra. Esto se puso al descubierto con la “Política de Apaciguamiento” de Occidente al permitirle a Alemania, a partir de 1936, tomar por la fuerza aquellos territorios que según Versalles les estaban prohibidos, en aras de que Alemania atacara a la URSS.

Por mucho que se especule sobre el pacto Ribentrop–Molotov, en ese juego de maniobras diplomáticas hasta el uno de septiembre de 1939, cuando inicia la Segunda Guerra, la URSS aún mantiene un nivel de acierto geoestratégico. Lo que es difícil entender es porqué al final la URSS fue sorprendida por un contundente y devastador ataque de Alemania.

Al momento de describir el ataque sorpresivo de Alemania a la URSS, en muchas películas se puede ver a un Stalin completamente embriagado y decepcionado por el enorme revés militar que este ocasionó en materia de cientos de miles de soldados del ejército rojo capturados y muertos en combate; el 85% de la aviación destruida en tierra y con un avance casi indetenible de las tropas nazis a la profundidad del territorio soviético, con un frente de 850 kilómetros de ancho, tal como la inteligencia en su momento le había informado.

Como problema central se ubica la carencia de sistemas coordinados que reúnan en un solo criterio toda la información obtenida antes de los ataques, ya que tanto la inteligencia militar como el NKVD, competían en información secreta sobre los planes militares alemanes, las acciones diplomáticas y acuerdos políticos de todos los países europeos, así como de EE.UU; desde trapos llenos de aceite para engrase de armamento alemán, que se enviaban como trapos sucios tirados en el vagón de un tren hacia Moscú, hasta planes de mayor envergadura como el Plan Barbarrosa (Plan de Ataque a la URSS).

Sus redes de oficiales (legales e ilegales) ya hoy muy famosas como “La Orquesta Roja”, “El grupo de Dora” y el de “Richard Sorje” en toda Europa y Asia, informaban al Kremlin. En el marco de esta competencia, el volumen de la información de inteligencia creció de tal manera que les fue difícil digerirla (por carencia de estructuras analíticas en cuanto a la cantidad de oficiales dedicados a esta labor) y presentarla constantemente a la dirección superior del partido. Sobre todo cuando ya se le habían entregado a Stalin diferentes fechas (inexactas y fallidas, aunque otras muy cercanas a la realidad de los planes) de ataque contra la URSS.

Otra causa que resalta es el período conocido como las purgas de Stalin, entre 1936 y 1939 cuando se decapitó al alto mando del ejército rojo. De 210 oficiales de inteligencia solo sobrevivieron alrededor de 70. Esto contribuyó a que muchos colaboradores extranjeros en Europa quedaran incapacitados de reunirse con sus operadores soviéticos y trasladar la información a tiempo. De 1939 a 1941, aunque se hicieron esfuerzos para activar muchas de sus redes, estas ya no podían ser ubicadas y el ataque a la URSS los terminó de aislar.

Victor Suvorov (un oficial que desertó en los años 80) en su libro “El Rompe Hielo de la Revolución”, plantea la tesis de que la Segunda Guerra era apropiada a las aspiraciones geoestratégicas de Stalin y la Revolución Bolchevique. Suvorov sostiene que Stalin, igual que Hitler, veía en la guerra, en el plano europeo, como la posibilidad, tan esperada desde 1917, para exportar la revolución comunista y ampliar así su esfera de influencia global.

La historia nos ayuda a entender el peso que tenía Stalin sobre el rendimiento de las variables de orden funcional y estructural del Estado (Diplomacia e Inteligencia), las cuales, al final, se llegan a subordinar a su criterio, voluntad y decisión. Para Stalin, la amenaza alemana era una medida de desinformación de los occidentales para provocar la guerra entre la URSS y Alemania.

Aun así el lector se preguntará: ¿Por qué ese cambio de actitud si desde 1936 estaba muy claro de las intenciones de Hitler y Occidente? A pesar que al final de la Guerra ocho países europeos y varios más en Asia quedaron integrados en el campo socialista, cambiando así la correlación de fuerzas político-militar global; el costo en vidas humanas que sufrió la URSS simplemente es injustificable, lo que hace que el ataque sorpresivo de Alemania ese 22 de junio de 1941, siga siendo un ejercicio de caso en el análisis estratégico preventivo de amenazas.

 

* Msc. Presidente Ejecutivo, Centro Regional de Estudios Internacionales (CREI)