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Dicen los obispos de la jerarquía católica, a través de Monseñor Brenes, que no les importa lo que digamos sobre ellos. Voy a tomar esa afirmación –la mentira es un pecado– como una incitación a comentar sus intervenciones contra el Gobierno a propósito del asunto de la pensión reducida.

Todos queremos la paz, y también que las necesidades de los más pobres sean atendidas, no veo por qué no los obispos también.

Yo no sé si alguien se acuerda de alguna intervención de estos señores cuando el gobierno de doña Violeta Chamorro y Antonio Lacayo suprimió la pensión reducida. También vamos a esperar ahora para ver cómo se van a comportar cuando el Gobierno haya resuelto este problema.

Entiendo que fueron los mismos sandinistas que organizaron a los ancianos no-pensionados, cuyas necesidades son mitigadas por diferentes programas sociales como ha sido aclarado ya en las discusiones que han venido dándose sobre el tema.

Si estos obispos tienen en realidad una preferencia por los pobres no les importará que el Gobierno resuelva el problema a la satisfacción de los ancianos. Y deberían estar felices con los diferentes programas sociales.

Es cierto que los obispos siempre están en la fila para besar a los leprosos, un cálculo racional si uno cree que así se puede ganar el cielo. Por eso sorprende un poco nada más que hayan llegado solo después de los políticos de derecha.

Tanta solicitud hace pensar en aquella réplica de Sartre (en una de sus piezas de teatro): lo peor de ser leproso es que todo el mundo lo quiere besar a uno.

* PhD en Lingüística por el Instituto Tecnológico de Massachusetts