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Siempre quise escalar ese hermoso cerro que puede verse al lado norte del kilómetro 119 de la carretera de Sébaco a la ciudad de Matagalpa. Este macizo se distingue por su altura, unos 1350 metros, y porque su larga cresta rocosa está cubierta de pinos. Esos pinos son los más australes (sureños) del hemisferio norte.

El primer español que lo vio fue el capitán español Gabriel de Texerina, quien vino por estos lados en 1536, responsable de esa toponimia. Fue hasta el 6 de abril del 2013 que tuve la oportunidad de hacerlo; me motivó el joven arqueólogo matagalpa Uwe Paul Cruz, quien quería subir hasta su cumbre para investigar si se encuentra allí una mina de “obsidiana” que usaban los indígenas para hacer las puntas de sus flechas y cuchillos.

Nos dirigimos en vehículo hasta la finca San Pedro, del vecino Pedro Hernández; antes de llegar allí encontramos dos vecinos, quienes al explicarles se ofrecieron acompañarnos como baquianos: Alejandro Chavarría, de 30 años, y Juan Ramos, de 45. Al verme Alejandro dice: “Podemos subir, pero este viejito no creo que pueda”.

En vez de molestarme le dije que tenía razón, ellos podrían ir adelante y yo les seguiría hasta donde pudiera. Así fue, caminamos juntos por un rato, pronto les perdí de vista, yo seguí a mi propio paso, mi meta era llegar hasta la rocosa cumbre de los pinos. Escalé con dificultad, empezaba a ver una vista panorámica; después de hora y media estaba cerca de la cumbre, me prometí llegar hasta los pinos para tomar una ramita de muestra, y semillas para sembrar esos históricos conos en Selva Negra.

Tomé fotos desde lo alto para probar que había logrado mi sueño. Yo solo llevaba un sombrero australiano, camisa manga larga, pantalón azulón y mis botas todo-terreno.

Después de descansar un rato, oí voces y noté que se acercaban mis compañeros, se veían cansados, pero satisfechos, pues el joven arqueólogo, además de descubrir unos petroglifos no registrados había encontrado pruebas de que abundan las obsidianas; traía consigo un puñado de esas valiosas piedras azabaches.

Eso prueba que los indios matagalpas poseían esas minas, y que los chorotegas y los nahuas (nicarao) las conseguían en esta región, de donde era llevada por “tamemes matagalpas” que las comerciaban en el Pacífico, caminando solamente 30 leguas, en vez de las 150 leguas desde Yucatán, como se creía antes.

* Historiador