Jorge Eduardo Arellano
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Hace casi cincuenta años que muchos pueblos del mundo están protestando frente a embajadas de EU por el bloqueo que esta poderosa nación mantiene contra el pequeño país latinoamericano y hermano nuestro. Resultado: ninguno; nada; cero. En los pasillos de la diplomacia internacional es igual: se ha condenado en la ONU quince veces por resoluciones de votación abrumadora. El año pasado, para dar una muestra, 184 países de 197 apoyaron la demanda cubana del cese de esta medida punitiva, mientras EU era respaldado únicamente por Israel, Palaos y las islas Marshall. Pero, ¿el resultado? En terreno práctico, ninguno.

Ahora, Cuba está golpeada ferozmente por huracanes y se mira imposibilitada de reconstruirse con normalidad por el bloqueo. Cuba denunció esta semana nuevamente ante la ONU que Estados Unidos no sólo ignora la voluntad de la Comunidad Internacional que año con año se pronuncia por el cese de esta acción sin sentido, sino que además encrudece las medidas del bloqueo criminal. Cabe preguntarse: ¿cuál es el precio de la soberanía y de la libre determinación de los pueblos? Hace pocos años, Nicaragua sufrió la misma medida estadounidense.

Considero que donde debemos hacer las protestas es frente a las embajadas de Brasil, Argentina, México, Chile, Perú y países similares, para que los gobiernos de estas repúblicas establezcan relaciones completamente abiertas con Cuba y no sigan siendo cómplices del bloqueo. Debemos protestar también frente a las embajadas de España, Italia, Alemania, Francia y resto de países europeos, incluso organizaciones como la Unión Europea y aún con más fuerza en las sedes de OEA.

A los europeos les podemos solicitar que finalicen esa acción criminal, pero a los países latinoamericanos debemos exigírselo.