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“Nos ha tocado vivir históricamente, un tiempo de transición. Vivimos la hora confusa, nostálgica y barbárica. Nuestra época es el fin de los tiempos modernos y el comienzo de una nueva Edad Media”.

Berdiaev

Hace algunos años escribí un artículo en un periódico local que titulé: “Una nueva Edad Media”, de un libro de Nicolás Berdiaev, filósofo ruso en el exilio. Como en este medio escrito muchos críticos me han tachado peyorativamente de “medievalista”, me he propuesto escribir aspectos que ellos desconocen por sus recalcitrantes prejuicios en contra de esta época.

En primer lugar, la Edad Media abarca un período de casi 1000 años, desde el siglo IV hasta el siglo XIV. Hacer, por lo tanto, un juicio negativo sobre el mismo, además de ser muy aventurado es un gran desatino. Hay épocas que sí fueron períodos “oscuros” pero no necesariamente lo abarcaron todo.

El origen de las escuelas palatinas se debió al renacimiento carolingio, la creación de las universidades por parte de las órdenes mendicantes y los focos de cultura que fueron los monasterios benedictinos, cistercientes y otros, son solo unos poquísimos ejemplos.

Si hiciéramos un análisis comparativo entre la Edad Media y la Edad Contemporánea que nos ha tocado vivir, encontraríamos aspectos que no solo se diferencian, sino que hasta se atraen, como el hierro al imán.

Es cierto que el período medieval está caracterizado por su salvajismo tanto a nivel personal como social. Pero también es cierto que en nuestra época la barbarie se ha revestido de muchos aspectos no menos denigrantes, saber: la corrupción en la política y en el mundo de los negocios, la drogadicción internacional, la trata de blancas, el aborto, la degradación de los géneros y un gran etc.

Vivimos una época “oscura” desde el punto de vista moral y espiritual. La diferencia con la edad medieval antigua es que los hombres de entonces encontraban consuelo, al menos, en la religión. Hoy, en cambio, la “filosofía de la desesperanza”, con su credo de la “nada”, es la ideología de turno de los nuevos profetas de la seudociencia llamados “ateos”.

Berdiaev decía: “El retorno a la Edad Media es el retorno a un tipo religioso más elevado. Estamos todavía lejos de las cimas de la cultura medieval en lo concerniente al orden del espíritu”, y esto porque las personas de hoy en día están más abocadas a la vida exterior antes que a la interior. Vivimos en un mundo materialista y hedonista, en donde la cultura es un lujo de pocos y las realidades del espíritu, los sueños ilusos de los fanáticos e idealistas.

Nuestra sociedad no solo se caracteriza por su alejamiento sistemático de Dios, sino también por una fuerte corriente que lo niega y hasta lo ataca frontal y públicamente. Berdiaev también había denunciado, en su época, la “mecanización” de la vida. Tanto en la Edad Media como en el Renacimiento la naturaleza siempre fue considerada como parte sustancial de sus vidas.

Para los medievalistas la naturaleza estaba contaminada por el pecado original, pero era redimible por la gracia. Para los renacentistas, la naturaleza, por la belleza de sus formas, fue la nueva revelación que inspiró las artes y la ciencia.

En nuestra época, a la naturaleza se le mira desde las ciencias biológicas o ecológicas. Ya no es parte de nuestras vidas. Todo lo que hacemos lo hacemos con un avión, un carro, un bus, una laptop, una TV y un celular. Nuestra vida está llena de tecnología y la naturaleza permanece allí, fuera de nosotros, como un agente extraño o decorativo.

Quisiera terminar con estas palabras proféticas de Berdiaev: “Un síntoma de acercamiento de la nueva Edad Media es la difusión de las enseñanzas esotéricas, el gusto por las ciencias ocultas, la reaparición de la magia” (que bien estarían representadas por las tecnologías de punta). “La religión y la ciencia comienzan otra vez a entrar en contacto y aparece la necesidad de una nueva “gnosis” religiosa”.

“De la misma manera van a resucitar las discusiones apasionadas sobre los misterios de la vida divina (discusiones entre los cristianos de distintas iglesias). De esta manera pasamos de un período anímico (Edad Media y Renacimiento) y otro “mecánico-tecnológico”, a un período más espiritual”.

* Ph. D. Catedrático de Keiser University