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Una evidente incapacidad de este y otros gobiernos es que no han sido hábiles en la prevención ni en la solución pacífica de los conflictos sociales que estallan frecuentemente en nuestra sociedad, a veces por causas muy simples que pudieron ser gestionadas con voluntad, conciencia o un ordenamiento de los recursos financieros o de reservas o gastos superfluos del Estado.

Los conflictos pueden ser prevenidos si se atienden y se eliminan con eficacia las causas latentes que los originan, cuando se hacen las previsiones pertinentes y se gestionan los intangibles que los provocan.

Aunque algunos piensan que el conflicto no puede evitarse por ser natural y consustancial a los seres humanos, lo cierto es que la violencia que lleva al conflicto social nace en el yo de los políticos demagogos y viceversa; el conflicto que resulta en violencia es también consecuencia de una o unas mentes poseídas por la ambición sin medida de dinero, poder y estatus.

Lo primero es comprender que la violencia genera conflicto porque proviene, como he dicho, de un yo que divide y clasifica a los demás o porque crea un enemigo donde no lo hay en forma maniquea, dirigida y perversa, y así el conflicto redunda en un escalamiento de más violencia como si fuera un círculo interactivo o una progresión.

Por supuesto que la violencia y el conflicto pueden ser resueltos por vía pacífica, porque hay para eso muchas estrategias para la paz y la solución pacífica de los conflictos ya probados; entre ellos el diálogo, la negociación y la mediación. Todas estas herramientas privilegian la palabra. El diálogo -la palabra entre dos- es esencial para los seres humanos que buscamos una salida racional e inteligente a los problemas que nos separan.

Es deplorable cómo en estos días la violencia se apodera de la escena en las calles de Managua y cómo la respuesta oficial es la negación de los derechos humanos y sociales a los adultos mayores que reclaman una pensión reducida (de sobrevivencia). Y pensar que hay diputados que llevan una vida muelle, que hacen el triste papel de vulgares agitadores, llamando a movilizarse contra gentes vulnerables como son los ancianos que muestran su desgracia en las aceras de las instituciones que ellos ayudaron a sostener con sus cotizaciones, como el caso del Instituto Nicaragüense de Seguridad Social.

Estamos claros que la solución a los problemas sociales puede ser creativa y forjar una nueva situación de paz, pero no cuando recurrimos a la violencia y la humillación o a la solución de reprimir o penalizar la acción por reclamar los derechos humanos irrenunciables, como es el caso de los viejos ciudadanos que hoy luchan por una pensión y que son nuestra memoria y de los que somos el legado.

* Profesor