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El documento de la Unesco titulado “La educación encierra un tesoro” (1996), presenta pautas sobre la necesidad de reorientar la educación formal de manera más acorde a los nuevos tiempos. A partir de estas concepciones se inicia un proceso de cambios y transformaciones, especialmente desde las formas organizativas de la enseñanza: qué competencias se desarrollarán desde cada uno de los contenidos que se abordan en las aulas.

La apertura que brindan los medios de comunicación en los procesos de aprendizaje, hoy en día abre nuevas fuentes de conocimiento, porque la educación en todo momento es crítica y este ejercicio reflexivo conduce a que cada estudiante y ciudadano vaya construyendo sus propios conocimientos a partir de lo leído, visto o escuchado desde los medios; a esto es que los pedagogos denominan el modelo constructivista del aprendizaje significativo.

Los medios de comunicación son el recurso necesario para la convivencia, para la socialización del saber. Tenemos que ir dependiendo menos del sistema aulario o de la organización de los horarios de clases. Si continuamos de la misma manera estaremos fortaleciendo un modelo de educación asistencial propio del siglo XIX.

Todo esto acarrea atraso y no está en concordancia con los nuevos tiempos que exigen formar competencias específicas, básicas y laborales, porque hoy el salón no es el único escenario para compartir e intercambiar conocimientos.

Los procesos de aprendizaje que se generan desde los medios de comunicación van exigiendo a la enseñanza tradicional una renovación filosófica y de los lenguajes con los que se trabaja. Es ir proporcionando a los educandos un nuevo lenguaje y una nueva escritura, que es de carácter icónico, que es donde descansan los discursos de toda índole, llámense políticos, sociales, económicos, culturales, religiosos, deportivos etc.

Con esta escritura y estos nuevos medios que la acompañan, se fortalece una comunicación, nuevos conocimientos y un aprendizaje muy diferente a la propiciada únicamente por los textos escritos. Según Pérez Tornero, “si reducimos el concepto al lenguaje verbal y escrito, dejaremos de prestar atención a los cambios más sustanciales de nuestra época. Estaremos usando una teoría retroactiva que explicará los fenómenos de ayer y nos oscurecerá el reconocimiento de los actuales y, sobre todo, de los futuros”.

En este momento nos encontramos en esta situación en el proceso de enseñanza. Los contenidos que se desarrollan desde las diferentes materias en las aulas de clase son miradas del pasado, la misma historia de hace 30 años, los mismos libros de lectura con que nosotros nos formamos. Y los acontecimientos del presente, ¿dónde están?, y la contextualización de las situaciones, y los nuevos escenarios para ubicar dichos fenómenos, ¿dónde están?

El mundo de hoy se divide en un antes del 2001 y un después. A partir de esta fecha la geopolítica del mundo se modificó, el modelo de carácter reproductivo donde lo que prevalece más es la repetición de contenido y no la reflexión, no responde a lo planteado anteriormente; no se están desarrollando los aprendizajes significativos para resolver situaciones reales que son aprendizaje para la vida.

Frente a esta situación es que el aprendizaje con los medios se torna más importante, porque proporciona un menú de conocimiento, pero al mismo tiempo orienta e invita a interactuar. Van creando en la audiencia una razón social del sentido: que piensen por su propia cuenta y no dependan del pensamiento de otro.

Nos encontramos en una sociedad mediática donde el gran recurso de carácter instrumental que conduce a abrir nuevos procesos de apropiación del conocimiento y de aprendizajes son los medios de comunicación. Hoy todo pasa por el tamiz de los medios.

* Consultor y catedrático universitario