Jorge Eduardo Arellano
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Compasión y admiración sentí por esos muchachos esmirriados, debiluchos, flacos, vulnerables, indefensos, que afligidos retrocedían impotentes ante el artero y cobarde ataque de ese grupo de personas llevado por el Secretario Político del FSLN en Managua. Los atacantes, más adultos que los chavalos, tenían una fisonomía desarrollada, brazos fuertes unos, barrigones otros, que los empujaban y golpeaban con sus puños y pies, los hacían caer, los fajeaban en el piso hasta con la hebilla metálica y los perseguían dentro de viviendas donde algunos desesperadamente trataban de refugiarse.

No es difícil ubicarse en una situación tan difícil. Cuando una veintena de jóvenes es atacada con decisión por una fuerza de choque del partido de gobierno, no es difícil darse cuenta de la angustia que vivieron, de las emociones que los sacudieron, del temor que sintieron, de la preocupación que tuvieron y que se reflejaba en sus rostros tensionados. Esa experiencia los acompañará por siempre y quizás los marque por el resto de sus vidas. La marca indeleble de sufrir en carne propia el atropello a su libertad.

Los irrespetuosos y desconsiderados apaleadores de chavalos indefensos actuaron con grave premeditación, violando la Constitución y las leyes, contraviniendo derechos humanos sagrados, porque esos jóvenes estaban en su derecho de manifestarse públicamente. Además, lo hicieron de forma pacífica y no estaban interrumpiendo el tráfico vehicular en esa calle poco transitada donde está el oficialista Canal 4 de televisión, muy cerca de la casa de la familia Ortega-Murillo, también sede del partido y del gobierno. ¿Y los policías que estaban ahí? Muy bien, gracias.

Aun frente a la turba impetuosa que con fiereza se les iba encima, varios de los chavalos tuvieron el temple, la fortaleza de carácter, el ímpetu moral de hablarles a sus agresores, de preguntarles por qué los atacaban, de decirles que estaban protestando pacíficamente. Y luego, en su propia cara les hicieron ver que eran violentos porque no tenían argumentos. ¡Hombre!, cómo crecieron, cómo se agigantaron esos muchachos frente a la adversidad. Hay que tener coraje y conciencia cívica para ello. Aunque después tuvieron que correr y soportar pedradas, patadas, puñetazos y fajazos. Y bien golpeados --hasta sangrantes--, fueron a otros canales de televisión a denunciar el atropello.

Alguien podría decir, “están locos esos muchachos”. Lo mismo dijeron de los guerrilleros del FSLN que también ¡qué casualidad! reclamaban libertad. “Ellos se lo buscaron porque se fueron a meter a la boca del lobo”. En efecto, fue una acción audaz ir a protestar frente al local del medio oficialista donde se lanzan las campañas difamatorias más terribles contra los críticos al gobierno, en una vulgar demostración de falta de escrúpulos y de ética profesional. Sea lo que sea ese lugar, los jóvenes tenían derecho a efectuar esa protesta, amparados por las leyes locales e internacionales.

Igual hicieron “las rezadoras” del Frente y del Gobierno que se plantaron ante las oficinas del Canal 2 y de los diarios EL NUEVO DIARIO y La Prensa. ¿Y qué pasó con ellas? ¿Fueron reprimidas? Hicieron su protesta y nada pasó. ¿Por qué fue diferente con estos muchachos que se identificaron bajo el nombre de “Movimiento por el No”, que es un no al caudillismo y a la dictadura? Los primeros fueron reprimidos y las segundas no, porque el partido gubernamental pretende que nadie opine ni critique su gestión. Sólo los CPC pueden manifestarse públicamente. Hasta mantienen retenidas once rotondas de Managua --sitios ideales para la comunicación y propaganda directas--, para que nadie más las utilice. El mensaje es claro: si no estás conmigo, estás listo y servido.

El argumento para impedir por la fuerza la protesta de los jóvenes y para agredirlos físicamente es que son de derecha, son pagados por el imperio. Desde otro extremo, cualquiera malamente podría justificar una actitud represiva contra los CPC, diciendo que son financiados por Venezuela. Etiquetan a la gente, la uniforman, les cuelgan del pecho un gran rótulo, encasillan a las personas, las clasifican convenientemente y luego las marginan: como sos tal cosa, entonces no tenés derechos, si fueras de los nuestros, entonces sí, gozarás de amor, trabajo y pan. Maniqueísmo fascista.

Y más de un fanático hasta dijo que como varios de los muchachos tenían tez blanca, debían ser hijos de millonarios o pudientes. ¡Válgame Dios! Qué criterio para justificarse. Pobres, de clase media y ricos, cualquiera que sea, tienen derecho a manifestarse. Son derechos inherentes a la dignidad humana. Bajo ese criterio, en el entonces heroico FSLN jamás debieron ser aceptados gente como Joaquín Cuadra y Javier Carrión, por mencionar a algunos “blanquitos” y de familias acomodadas; Fidel Castro no habría sido el tremendo personaje histórico que es, porque nació en una familia terrateniente; y Carlos Marx, de una familia burguesa, no habría podido escribir El Manifiesto Comunista.

Desde 1990 en que ganó las elecciones doña Violeta Barrios viuda de Chamorro, el FSLN se convirtió en una formidable fuerza opositora que con algunas de sus más controversiales actuaciones puso en jaque a varios gobiernos y logró valiosas concesiones de todo tipo. De este comportamiento rescato que el Frente fue un contrapeso que impidió desafueros a los extremistas de derecha. De la misma manera, el Frente Sandinista ahora en el gobierno, requiere contrapesos que le impidan abusar. Pero la oposición está dividida y debilitada, y un reducido grupo que controla el poder, está desatando sus pasiones autoritarias hasta tal punto que, desgraciadamente, a juzgar por los hechos, podemos afirmar que ya perdimos varias conquistas de la revolución del 19 de julio de 1979, a manos de los mismos que ayudaron a obtenerlas.

Nicaragua no sólo ha estado viviendo desde hace año y medio una acelerada pérdida de la institucionalidad --casi todo está controlado por el FSLN y el comportamiento no es apegado a la ley sino de acuerdo a intereses personales y partidarios--, sino que también hemos perdido algunas libertades sagradas, como el derecho a organizarnos y movilizarnos. Y estamos en proceso de perder la libertad de expresión, que ya está golpeada. Un fraude electoral --sobre el que ya han advertido varias fuerzas sociales-- nos confirmaría en noviembre próximo que también ya perdimos la capacidad de ser electos y de elegir autoridades, como se comenzó a perfilar con la eliminación de la actual contienda electoral municipal del MRS y del Partido Conservador.

La cúpula del partido de gobierno le está diciendo muy claramente a los nicaragüenses, que se acabaron las libertades, que hay nuevas reglas del juego, que no se vale protestar, que no hay que manifestarse públicamente. Si alguien tiene alguna duda, los remito a los bajados de los buses y garroteados de León o a los chavalos fajeados frente al Canal 4, en Managua.

(*) Editor de la Revista Medios y Mensajes (gocd56@hotmail.com).