Jorge Eduardo Arellano
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El País / Madrid
La libertad de expresión es un bien a defender. Es un “derecho fundamental de la persona” y uno “de los más grandes logros de la democracia, de cuyo desarrollo forma parte y es condición inexcusable”, dijo el lunes el Rey Juan Carlos en la inauguración oficial de la 64ª Asamblea General de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP), organismo que reúne a 1,300 publicaciones de América y acoge a representantes de Europa.

El Rey, que inauguró oficialmente este foro junto al presidente del Grupo PRISA, Ignacio Polanco, alabó el trabajo de la SIP en defensa de la libertad de prensa, amenazada todavía en muchos rincones del mundo, una libertad que hay que preservar: “Los poderes públicos deben asegurar que los medios de comunicación puedan desarrollar su función en condiciones de plena libertad. A la vez, a los profesionales del periodismo les compete ejercer su necesaria tarea desde la veracidad y la imparcialidad”.

Don Juan Carlos destacó la disposición de España para fomentar la cooperación desde y hacia los países de América y animó a suscribir “convenios de reciprocidad” y “en condiciones de equidad”.

El Rey apostó por periodistas cada vez mejor formados para hacer frente a fenómenos como el de Internet, que ha hecho que el público sea “más exigente con los medios de comunicación”. Se trata de un nuevo tiempo, el de Internet, con nuevas exigencias que todavía se están definiendo, pero en el que “la prensa sobrevivirá”, dijo rotundo Polanco.

El presidente de PRISA (editor de EL PAÍS y anfitrión de la asamblea), recordó que la radio no acabó con la prensa y tampoco lo hizo la televisión, por lo que “estamos en condiciones de afrontar sin miedo los desafíos a los que siempre ha hecho frente nuestra profesión: el reto de futuro”. Y lo hará precisamente porque es un “pilar imprescindible de la sociedad abierta”, porque “la historia de la prensa y de la democracia son coincidentes y resultaría imposible imaginar la una sin la otra”. Así, pese a lo que deparen los cambios en los que está inmersa la profesión, los periodistas estarán allí cumpliendo con su trabajo: “Informar y formar la opinión de una ciudadanía que, hoy como siempre, quiere saber”.

El presidente de la SIP y director del diario estadounidense Sun-Sentinel, Earl Maucker, explicó la labor del organismo a favor de la libertad de prensa, haciendo frente a “la violencia y el crimen que se esconden tras la censura”, uno de los principales enemigos de la profesión.

Tras la inauguración oficial de la SIP, Mario Vargas Llosa impartió una conferencia en la que diseccionó la “civilización del espectáculo” y abordó el papel del periodismo en un tiempo en el que la frontera que tradicionalmente separaba al periodismo serio del amarillo se ha llenado de agujeros hasta “evaporarse”. En la presentación del escritor peruano, el director de EL PAÍS, Javier Moreno, recordó los inicios de Vargas Llosa como cronista de las páginas policiales de un rotativo limeño y compartió una sus preocupaciones: el daño que el sensacionalismo produce en el funcionamiento de las democracias.

Moreno cuestionó ese periodismo que a menudo se disfraza de calidad y dijo que “la credibilidad es lo que convierte a los periódicos en infraestructura central y necesaria en la sociedad civil”. Coincidió con Vargas Llosa en que la prensa “es el mejor garante de la libertad” y reclamó independencia a la hora de abordar el trabajo informativo. “Los periodistas hemos de sortear cuantas trabas nos coloquen los poderes, todos los poderes”.

Vargas Llosa esbozó un mundo en el que la tabla de valores está ocupada por el entretenimiento y la diversión. La literatura, el cine, la música, las artes plásticas, la política y el periodismo se han dejado arrastrar por “la trivialización y el adocenamiento”.

En esta nueva civilización, la cocina y la moda acaparan el espacio que antes ocupaban la cultura y la filosofía. Y los políticos, que antes se fotografiaban con científicos se sitúan ahora al lado de estrellas de la música o de actores. “En la calle, el cómico es el rey”, mientras que el intelectual “se ha esfumado del debate público”, porque en la sociedad del entretenimiento el intelectual sólo interesa “si sigue el juego de moda o se vuelve bufón”. Sin ocultar su pesimismo, Vargas Llosa, citó a la revista Hola y a sus congéneres como los productos “más genuinos” de la civilización del espectáculo, en la que la privacidad desaparece y las catástrofes “alimentan el morbo”.

 El nuevo periodismo del que tanto se habla requiere una nueva formación destinada a crear profesionales preparados para la era digital.  Joaquín Estefanía, director de la Escuela de Periodismo UAM/EL PAÍS, aseguró que en el máster que dirige se enseña a los alumnos “cómo hacer periodismo en Internet y, además, cómo utilizar la Red para hacer información”. Pero Estefanía se quejó de que lo que se transmite en la escuela, un periodismo basado “en las fuentes, las evidencias, en salir a la calle”, no se corresponde con lo que quieren las empresas, es decir, una suerte de “machaca-teletipos”, dijo.

El director de la Escuela de Periodismo del diario Abc, Amancio Fernández, recordó que Internet es sólo un nuevo instrumento que puede cambiar muchas cosas, pero que por encima deben prevalecer los principios éticos y deontológicos.