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  • Editorial EL PAÍS

Los enredos judiciales de Silvio Berlusconi amenazan no solo su carrera política, sino la estabilidad del Gobierno de coalición dirigido por Enrico Letta. La sentencia dictada contra el exprimer ministro italiano por un tribunal de Milán es particularmente grave, tanto por las penas impuestas (siete años de cárcel e inhabilitación perpetua para ejercer un cargo público) como por la naturaleza de las imputaciones: abuso de poder e incitación a la prostitución de menores. El fallo consagra como delitos lo que se ha querido presentar como frivolidades de un hombre excesivo.

El tribunal considera probado que Berlusconi contrató a Karima el Marough, alias Ruby Robacorazones, para sus fiestas sexuales cuando la joven no había cumplido los 18 años. También intervino para que la policía la liberase cuando fue detenida por robo. Queda por ver el recorrido de la sentencia, que obliga al procesamiento, por perjurio, de una treintena de testigos que negaron los hechos, incluida la propia El Marough. Las apelaciones están en marcha. Pero la turbulencia vuelve de nuevo a las instituciones italianas.

Berlusconi asegura que se trata de una sentencia política, y que tendrá una respuesta política. El líder del centroderecha es imprevisible, pero parece poco probable que su partido y segunda fuerza política, el Pueblo de la Libertad, se retire de la coalición auspiciada in extremis hace dos meses por el presidente Napolitano.

Sería una apuesta arriesgada: Letta podría intentar nuevos pactos para salvar los muebles y, en todo caso, unas eventuales elecciones podrían reforzar al Partido Democrático (PD) del primer ministro. Pero sobre todo se abriría un escenario de incertidumbre indeseable en estos momentos en que Italia está sacudida por la recesión.

El propio PD asegura que la sentencia “no puede ni debe” afectar la continuidad del Gobierno.

Pretender separar el plano judicial del político es un ejercicio de voluntarismo impuesto por las difíciles circunstancias del país. Pero es indudable que esta sentencia crea una gran incomodidad en el centroizquierda y aumenta la fragilidad de la coalición.

Hasta ahora Berlusconi había logrado salir indemne de sus múltiples procesos judiciales. Pero el mes pasado, un tribunal de apelación ratificó una condena de cuatro años de cárcel por fraude fiscal, ahora en manos del Supremo. El incombustible Cavaliere se ha convertido, más que nunca, en una figura tóxica.