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El ejercicio de la maternidad no ocurre de manera aislada o autónoma de todo el tejido cultural de cada contexto. La maternidad como sistema constituido funciona y se valora como una manifestación consagrada de la feminidad, que no está formulada para producir libertad, criterio propio o rebeldía.

Existe una maternidad tradicional compuesta por mensajes que son compartidos por los interlocutores de los imaginarios colectivos, que expresan “Maternidad implica necesariamente sacrificio” “La madre es para toda la vida”, en este país se usa una frase muy representativa de las condiciones desiguales en la que se desarrolla la maternidad que dice leona de tiempo completo, que implica claramente dejar la vida por los hijos-hijas, siendo el sacrificio el eje central de este ejercicio.

Esta exaltación de la maternidad como ejercicio de abandono/despojo marca a mujeres y hombres de cada sociedad que han sido hijos e hijas. Se implanta la idea del padre ausente/inhabilitado emocionalmente/irresponsable y a la madre como la que exigidamente debe estar siempre disponible para las necesidades de todas las personas del espacio familiar.

En los hombres esta maternidad exaltada e inyectada de sufrimiento/angustia/dolor/entrega/omnipotencia, construye una imagen desigual de crianza donde la figura madre contiene todas las respuestas y la figura padre es el bueno para nada en temas como afectos/juegos/crianzas/cuidados. Estas dinámicas lo único que hacen es ensanchar las desigualdades entre hombres y mujeres.

La madre como recipiente al servicio de la gestación, luego como único suministro de alimentación/cuidados, la madre dedicada a la felicidad entera de los hijos, la madre sacrificada, la madre-control-protección. Este paquete de multifuncionalidad violenta los cuerpos y las vidas de las mujeres, desde el nacimiento la mujer es percibida de dos formas: como recipiente sexual y como suministro materno. Por eso bien se encarga el modelo de crianza basado en la desigualdad de género, para preparar a las niñas a ser atractivas-buenas-madres y de esta forma hacer lo posible/lo imposible por cumplir con la demanda social hacia el cuerpo de las mujeres.

Es por eso que en cualquier acto del Día de la Madre, es parte del ritual de reforzamiento social de esta triada de ser atractivas-decentes-madres, identificar claramente esta demanda en los bailes de niños/niñas. Los niños con cualquier camisa, pantalón y gorra y un movimiento repetitivo de derecha a izquierda ya están bailando. Mientras que las niñas deben esforzarse más por ser niñas. A las niñas se les viste de minifaldas, top, sandalias de tacón y las maquillan. Las letras de las canciones de sus bailes se refieren a sus cuerpos y a la provocación sexual. Niños y niñas de segundo nivel bailando La Bomba de Azul Azul, los niños se balancean de un lugar a otro. Las niñas mueven el trasero, se agachan y se tocan el pelo.

Los niños bailan el güegüense, con sus máscaras mientras dan brincos de un lugar a otro del escenario. A las niñas les remangan el pelo, les delinean los ojos, les pintan la boca de rojo y mientras suena Son tus perfúmenes mujer las niñas se tocan los labios, los pechos y se contornean el cuerpo, mientras suena en la pista un chifleteo, que para llamar las cosas por su nombre es ACOSO SEXUAL.

Todo esto ocurre ante la mirada de celebración de las madres y de regocijo de los padres, que claramente ven en esa escena una realización social, sus hijas como pequeñas mujeres, hechas para atraer-gustar-agradar.

En Galerías Santo Domingo en el día de la niñez, una manera de celebrarlo es haciendo una pasarela para que las niñas modelen, una vez más reforzando la demanda social de atraer-gustar-agradar. Y de fondo musical la canción de Las divinas, canción que mezcla a la perfección el tema de la niñez sexuada, el cuerpo de la mujer al servicio de los demás y la lucha campal por la obtención del reconocimiento social mediante parámetros impuestos de belleza/estatus/seducción.

Ante estos rituales de reforzamiento que responden a las demandas tradicionales sobre los cuerpos de las mujeres, urge la reflexión entre crianza-abuso sexual-violencia sexual; reconociendo necesariamente que la crianza-maternidad no son ejercicios aislados ni autónomos, sino instrumentos de un sistema que produce/reproduce desigualdades entre hombres y mujeres cada día.

 

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