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Defiendo sin la mínima vergüenza:

1) Que dejamos de ser el protectorado colonial que éramos durante los gobiernos Chamorro–Lacayo, Alemán y Bolaños, y hemos ganado bastante en nuestra capacidad de autodeterminación política. Ya no estamos subordinados a las directrices de política internacional que mandata el imperio. Tenemos relaciones con todos los Estados que conforme nuestros intereses consideramos favorable tenerlas, al margen de que estas cuenten con la autorización o el veto del mandato imperial.

2) Contamos con la estima de la auténtica comunidad internacional, la comunidad internacional de los pueblos. El Padre Miguel Escoto en nombre de Nicaragua presidió la Asamblea General de la ONU y realizó una gestión unánimemente reconocida como brillante por la comunidad internacional de los pueblos. Somos respetados por todos los Estados e instituciones internacionales que en alguna medida resisten o promueven un orden económico y político alternativo al orden imperial: los BRICS, el Mercosur, Unasur, Celac, etc. Somos miembros del ALBA, que constituye la avanzada de los gobiernos latinoamericanos y caribeños que resisten y buscan opciones frente a las políticas imperiales.

3) Ya nuestros soldados no son enviados como carne de matadero a las guerras y ocupaciones coloniales del imperio (recordemos el estigma de los “bollitos” de Enrique Bolaños). Ya nuestro ejército no tiene que destruir las pocas armas defensivas que tiene para cumplir con un capricho estadounidense. Desde México hasta Colombia, somos el único país donde la mafia del narcotráfico no ha penetrado la cúpula de las fuerzas armadas.

Podríamos estar en la situación de los otros países de la región si se hubiese cumplido la obsesión del nefasto Javier Carrión de meter a nuestro ejército en el “tubo estadounidense”; y la embajadora gringa siguiera con las prácticas de Oliver Garza de repartir dinero entre los oficiales de policía y estimularlos con pagos en especie. Pagos en especie a quienes capturasen cargamentos de esa especie muy especial que es la droga.

Ya quisieran los “indignados” europeos o los ocupantes de Wall Street (a quienes les quiebran la cabeza, les rompen los huesos, los meten en la cárcel y levantan juicio a sus dirigentes) enfrentarse con una policía como la nuestra, cuyos miembros a menudo terminan en el hospital. Tenemos un modelo de policía que trabaja estrechamente con la comunidad, que no tiene cultura represiva, y cuyo esfuerzo a pesar de sus limitaciones y desaciertos permite explicar algo que resulta insólito: que con nuestros indicadores de pobreza tengamos un índice de seguridad ciudadana relativamente alto.

¿En qué país del mundo el jefe de policía entre todos los personajes públicos, ocupa el primer lugar en la escala de respeto ciudadano? En nuestro caso es una jefa de policía, una mujer que sabe conjugar sus valores humanistas, su integridad personal y su eficacia profesional.

4) Mientras USA, su furgón de cola, la Unión Europea, y su cofrade Israel asesinan sociedades enteras con sus guerras inmorales e ilegales; mantienen el dantesco infierno de Guantánamo; inventan el tráfico global de secuestrados y torturados en cárceles clandestinas; practican los asesinatos selectivos desde drones. Mientras un organismo del Establishment, pero éticamente responsable, Amnistía Internacional, señala que en USA y una mayoría de países europeos, desde el Estado se practican la tortura y las detenciones por largo plazo sin un debido proceso. Mientras en USA, desde el Estado se intervienen teléfonos, correos electrónicos y cuentas de servidores de Internet de millones de ciudadanos estadounidenses y del resto del mundo.

Mientras acontece todo lo anterior en sociedades que constituyen el modelo a imitar por nuestros “demócratas” colonizados, el Estado de Nicaragua no practica ni es cómplice de ningún crimen de lesa humanidad. Desde el Estado de Nicaragua no se practica la tortura, no se asesinan ni se hacen desaparecer ciudadanos; no se intervienen teléfonos, direcciones electrónicas ni cuentas de servidores de Internet. En Nicaragua no existe un solo preso político.

 

* Planificador económico, historiador y sociólogo