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José Joaquín Ávila, nombre de pila del evangelista Yiye Ávila, fundador del Ministerio Cristo viene y de la Cadena de milagros en 1988, y que ilumina a muchos de nuestros pueblos latinoamericanos, así como al mundo hispano en EE.UU. Conoció a Jesucristo a la edad de 34 años en Camuy, Puerto Rico, pueblo que le vio nacer y crecer hasta este 28 de junio. Sirvió al Señor por 53 años. Fue profesor de Química y Biología. Procreó tres hijas, de las cuales le sobrevive Doris Ávila y nueve nietos. En el senado de Puerto Rico hay un salón de conferencias bautizado con su nombre.

Yiye entra al mundo de la fe y a ejercer el ministerio de la predicación cuando en América dominaban los regímenes militares y los pueblos comenzaban a desencantarse de las teorías y de los discursos acicalados por la duda metódica, razón pura, dialécticas y materialismo marxista que se proponían traer el progreso, la paz y la felicidad, a fin de conducir a la mayoría de edad a los seres humanos, y más bien se amplió la brecha entre pobres y ricos, ilustrados e iletrados.

En ese contexto las iglesias históricas que tenían el control religioso en los diferentes estadios de la sociedad, también se habían plegado al modelo racional e inhumano imperante en los años 60. Yiye es parte de esa marejada del poder de Dios que trae Buenas Nuevas a los más pobres y se desatan los dones del Espíritu Santo que la modernidad tenía atado por esa mentalidad empirista de la objetividad absoluta.

Y la Nicaragua del 87 fue testigo de la más grande manifestación de la gloria de Dios cuando decenas de miles de personas fueron tocados por esas Buenas Nuevas y Dios manifestó su gloria con sanidades y milagros portentosos. El Espíritu Santo volvió a derramarse como en la región de Acaya en Grecia (Corinto), por eso el apóstol Pablo decía: “…y ni mi palabra ni mi predicación fueron con palabras persuasivas de humana sabiduría, sino con demostración del Espíritu y de poder, para que vuestra fe no esté fundada en la sabiduría de los hombres, sino en el poder de Dios”. Fue la primera visita que hacía Yiye a Nicaragua y marcó un hito en la vida religiosa del país.

Su mensaje, sencillo y Cristocéntrico, está fundamentado en la parusía, término griego que significa presencia o llegada. Al igual que la revelación o descubrimiento (Apocalipsis), término que alude al momento cuando el señorío que Jesucristo goza a la diestra del padre se hará patente en el mundo.

Era un acérrimo creyente, a tal grado que creía que no vería la muerte antes que el Señor viniera otra vez. Escribió varios libros; desde mi percepción el más completo e importante es el de la Oración. Dios levanta a hombres en las diferentes generaciones para hacer sentir su poder y misericordia. Yiye ha sido uno de esos hombres que revolucionó a Latinoamérica y más allá, para que la gloria de Dios corriera como ríos de agua viva.

Podemos decir que Dios ha tomado a uno de esos apóstoles para que vea su rostro y glorifique en su presencia su precioso nombre.

 

oscar.carcache@yahoo.es