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Fue Pablito Ramón Sanabria mi feliz “yunta” de infancia. Desde chavalo poseía una voz sonora que ya adulto utilizó como notable locutor de las mejores radiodifusoras locales.

Su madre doña Lola y su hermana, María, gozaban con nuestras continuas ocurrencias. Ambos nos entendíamos con palabras chuscas y soeces, pero delante de nuestras progenitoras éramos incapaces de decir “malas palabras”, por eso ante ellas teníamos ganado el valor de “muchachitos santos”, crédito que nosotros aumentábamos diciendo “que queríamos, cuando grandes, ser padrecitos”. Ellas –buenas mujeres de fe-, se regocijaban mutuamente por tener a dos angelitos con vocación religiosa.

Éramos unos verdaderos “mátalas callando” y junto a nuestras orejas no había un diablito, sino más bien un DIABLOTE que nos decía, “jodan a más no poder rejodidos, pero sin perder la cara triste que ponen los santos”.

El límite a tanta picardía lo poníamos nosotros. Cuando mirábamos que nos estábamos sobrepasando, susurrábamos una cantaleta que decía: “Suave… suave… suavito… pero de lo más suavito”,

Y cuando la travesura disminuía en categoría, cambiábamos la tonada por “Duro… duro… durito… pero de lo más durito”.

Como el Lobo de Gubbia fueron incontables nuestras leperadas, trastornos y daños cometidos en la escuelita Loyola que dirigía el jesuita Antonino Atucha, sacerdote robusto y malgeniado que nos guardaba gran estima, al punto que al aprobar Pablito la primaria, fue enviado al Seminario para tratar de convertirlo en “padrecito” lo que con el tiempo fue un período mal gastado y perdido.

No abusaré contando nuestras tropelías porque hoy quiero ceñirme a unas puntadas que ocuparon nuestro “beato cerebro” en cierta temporada. Era la de cambiar y ridiculizar las moralejas que acompañan a los proverbios populares que circularon en la Managua de los años cuarenta.

Aquí algunos de más de un centenar:

Árbol que crece torcido… Es más fácil de trepar.

Si te pica en Flandes… Ráscate por Culiacán

El que siembra vientos… Que eleve su barrilete.

A golpe dado… Regresar con máscara de cátcher

Gallina que come huevo… Echarle gallo capado.

Agua que no has de beber… Déjala llover, déjala llover

A Dios rezando… Y a la Virgen llorando.

En boca del mentiroso… Calzadura de oro falso

Lo que natura no da… Lo logra una cachimbiada

El que pega primero… Es porque el otro es pendejo

A falta de pan… Comer hierba y mierda seca

Del dicho al hecho… Mejor prudente recule

A grandes males… Medicinas por las nubes

El que mucho abarca y poco aprieta… Es porque es corto de brazos.

El que habla de lo que no debe… ¿Para qué va a pagar?

Mujer arrecha y chiquita… En la cama se desquita

El que da lo que no tiene… Mejor hacerle la guatusa

El que tiene de jeringa… Mejor que no se inyecte

Caballo que respinga… Es porque vio a guapa yegua.

Al que es baboso… Hacerle el cambiolín

A todo chancho… Le cae su plasta de m…

A falta de pan… Rodajas de viento.

Del dicho al hecho… Posición anterior.

El haragán y el mezquino… Son compadres hablados.

En el hospital y en la cárcel… Que nos lleven cigarros.

Hombre de pecho pelado… Cochón degenerado

Hombre de pelo en pecho… Cabrón por derecho.

Desde su entrada al Seminario no volví a ver a Pablito hasta que en 1999 lo encontré trabajando como “ojo de vidrio” en el diario La Prensa. Gozábamos a lo grande recordando los tiempos viejos; a esa altura ya era abuelo, serio, circunspecto, de hablar correcto y mesurado. Ahora es corrector de estilo en uno de los tantos periódicos del Edén Perdido.

 

* Catedrático de periodismo