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Roma, ciudad llena de secretos y de historias secretas, también es la sede de una organización secreta sin margen de duda: el “Opus Dei”. Sus oficinas no se encuentran, como podría esperarse, en los antiguos barrios de tenebroso pasado de la ciudad, más se encuentra al número 73 de la avenida “Bruno Buozzi”, que divide en dos mitades el elegante reparto de los “Parioli”, poblado por gente de la alta burguesía emergente y de la aristocracia desplazada desde los tiempos de Benito Mussolini.

El edificio que alberga la sede es de un color blanco-hueso de cinco pisos sin ningún rótulo en la entrada, a excepción de una virgen cargando el niño, de mosaico, que con una mirada benevolente en la propia esquina parece acompañar a los transeúntes. No hay indicación ni señales que orienten, solo un sofisticado sistema de vigilancia mediante telecámaras a circuito cerrado que por las 24 horas del día transmiten sus imágenes a un “headquarter” dotado de tecnología de punta. Por ironía de la vida Buozzi fue un militante socialista que combatió al fascismo con un perfil claramente anticlerical.

En mis tiempos de estudiante solía frecuentar “I Parioli”, para lo cual tomaba el tranvía que de la universidad me conducía a plaza de Hungría y desde allí me adentraba por sus traficadas calles a la búsqueda de la Embajada de Nicaragua para trámites casi siempre de tipo consular.

La sede política del “Opus Dei” se encuentra en Roma y presenta rasgos de un cierto anonimato; la sede económica ocupa un lujoso rascacielos de diecisiete pisos: el Murray Hill Place, al N° 243 de Lexintong Avenue, entre la 34 y 35 calles en Manhattan, New York. Aquí se goza de todas las comodidades que el mundo contemporáneo ofrece, siendo, además de un próspero y activo centro de negocios al alcance de Wall Street, residencia de estudiantes y huéspedes de alto kilataje.

En realidad las cosas no son tan simples, como podría sugerirlo la fachada del edificio de la avenida Buozzi, en su local romano. Detrás del portón principal se esconde todo un complejo muy bien diseñado entre los cuales podemos reconocer una elegante mansión roja de tono bajo que es la residencia femenina del “Opus”, que no define para nada el espíritu que fluye a través de esta “Prelatura” y que para captarlo a plenitud, hay que bajar algunas gradas por una escalera de mármol que conduce a una capilla subterránea, donde yace el cuerpo del santo fundador protegido de la mirada de curiosos y extraños: José María Escrivá de Balaguer (1902-1975), beatificado por Juan Paulo II en 1992, y santificado con una sorprendente diligencia diez años más tarde.

Fue en esta tumba donde Karol Wojtyla vino a postrarse radiante de humildad a la vigilia del “Cónclave” que lo eligió Papa. A poca distancia de la lápida de Escrivá esta la sepultura de don Álvaro de Portillo (1914-1994), sucesor de Escrivá. Subterráneo silencioso, denso de misticismo, solemne, lugar de peregrinaje y plegaria de los números fieles de esta rica y potente organización.

Siempre sobre la avenida Buozzi, en dirección del río Tiber se llega a la basílica de Santo Eugenio. Se trata de un complejo construido en los años 40 por voluntad de Pío XII (Eugenio Pacelli). En septiembre 1980 la parroquia fue asignada a los sacerdotes del “Opus” y en uno de sus altares cerca de la estatua de Pío XII se encuentra un enorme retrato de su fundador.

“El Opus Dei”, llamado también por sus críticos la secta de Dios, es un movimiento de cristianos dispuestos a sacrificarse “con dicha y amor por los otros, para ser divinos todos los caminos del hombre en la tierra, santificando todo trabajo correcto, todo honesto esfuerzo, toda ocupación terrenal”. Así se expresaba Escrivá de Balaguer en 1928 al momento del nacimiento de la organización, producto de “una visión juvenil durante la cual Dios le había expresado su deseo total y completo de orientar sus esfuerzos en ese sentido”.

Una institución nacida pues por directo mandato divino, con el propósito de redimir al mundo cristianizándolo desde adentro según la fórmula de su director: “Santifica tu trabajo”. “Santifica tu misión en el trabajo”. “Santifica los otros por medio del trabajo”.

 

* Médico. Ex ministro de Salud