•   Managua, Nicaragua  |
  •  |
  •  |
  • elnuevodiario.com.ni

Según datos del BCN, el crecimiento promedio del PIB real entre los años 2006 y 2012 fue del 4.2 %, el PIB per cápita creció, en ese mismo período, a una tasa promedio del 5.2%; ubicándose así cerca de los 1,300 dólares. Al mismo tiempo, las reservas internacionales brutas (RIB) pasaron de 924.2 millones de dólares en 2006 a 1,887 millones de dólares en 2012 para un crecimiento del 104%, representando 2.6 veces la base monetaria; lo que, a su vez, significa unas centésimas más de lo exigido por el Fondo Monetario Internacional (FMI).

Los flujos de inversión extranjera directa (IED), en esos mismos años, se estiman en unos 4,014 millones de dólares (un promedio de 573 millones de dólares por año), mientras que las exportaciones (excluyendo exportaciones de zonas francas) pasaron de 1,043.9 millones de dólares en 2006 a 2,677.4 millones de dólares en 2012.

La estabilidad de los precios representa la estrategia central de las políticas macroeconómicas monetaristas y, en ese sentido, Nicaragua ha logrado mantener una inflación aceptable dentro de los parámetros exigidos por el Fondo Monetario Internacional. Esto exceptuando los años 2007 y 2008, cuyas tasas representaron 16.88% y 13.77%, respectivamente, aunque es de reconocer que dicha inflación estuvo influenciada por la inflación importada.

Para el 2009 la inflación alcanzó el 0.93%, la tasa más baja en la historia de la economía nicaragüense, y en 2010 alcanzó el 9.23%. En el año 2011 se estimó una tasa del 7.95% y para el 2012 la inflación alcanzó el 6.6%. El principal impulsor de los precios es la intensidad petrolera de la economía, que se estima en un 75% por encima de la intensidad petrolera mundial.

El escenario anterior evidencia que, en términos estrictamente macroeconómicos, el gobierno actual ha hecho bien la tarea, pero, ¿qué ocurre en el mercado de trabajo? El desempleo global afecta al 33% de la población económicamente activa (PEA), que se estima en 2,996.7 millones de nicaragüenses. Si consideramos que el número de asegurados se estima en 623.5 mil trabajadores, eso podría significar que solo el 27.4% de la PEA tiene trabajo de tiempo completo, mientras que alrededor del 52% son subempleados. Significa, entonces, que hay en el mercado 2,273.2 millones de nicaragüenses que son subempleados, trabajadores informales o desempleados en su totalidad.

El 52% de la fuerza laboral es subempleada, alrededor de 1,542.6 millones de nicaragüenses no pueden optar por un trabajo de tiempo completo y son considerados subempleados visibles, que no logran laborar más de 40 horas semanales. Hay 830 mil nicaragüenses que son desempleados abiertos o empleados invisibles, porque sus ingresos por salario están por debajo del mínimo autorizado por la ley.

El salario real promedio de los trabajadores formales es de 6,614.9 córdobas (con base en el año 2006). Ello representa aproximadamente el 50% del costo total de una canasta básica cuyo costo es de aproximadamente 12,500 córdobas, mientras el salario mínimo promedio es de 3,250 córdobas y representa apenas el 26% de la canasta.

Esto revela que el éxito macroeconómico es una condición necesaria, mas no suficiente para reducir el desempleo y generar progreso económico y social. Pese a haber alcanzado importantes niveles de crecimiento, y aunque el PIB y el empleo estadísticamente tienen covarianza, la ausencia de encadenamientos productivos no permite que el crecimiento tenga un efecto multiplicador sobre el resto de la economía.

Los sectores más dinámicos de la economía funcionan como enclaves y no generan encadenamientos; esto no solo limita la creación de valor agregado sino también la creación de empleos.

 

* Economista, miembro del Consejo

Científico, Upoli