Jorge Eduardo Arellano
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Aunque el tema poco a poco ha logrado colarse en los medios de comunicación y centros de enseñanza, todavía queda mucho por conocer de la cultura emprendedora. No son pocas las personas que ubican el emprendedurismo como una actividad individual realizada por unos cuantos suertudos para los negocios. Incluso, hay percepciones aún más distorsionadas. Les relato una de ellas. Hace un año atrás, al visitar un prestigiado colegio católico, su directora me dijo que en ningún momento me permitirían hablar de este tema con sus estudiantes, porque el emprenderurismo estimula el individualismo y la conducta competitiva. -Nuestro colegio fomenta los valores cristianos y la solidaridad- añadió, para reafirmar su posición. Claro, después de conversar unos minutos y conocer del tema, los puntos de vista de aquella directora cambiaron radicalmente.

Vamos a comenzar por establecer que las personas emprendedoras son personas muy motivadas, soñadoras, innovadoras y perseverantes, que después de trazarse metas bien específicas trabajan por llevar a la realidad sus sueños. Sus habilidades y accionar, logran impactos positivos, tanto en la actividad económica como en los aspectos sociales de los territorios donde trabajan.

Pero lo más interesante y admirable es que todos los seres humanos somos emprendedores por naturaleza; no es un don especial. Lo que sucede es que la educación en la familia, la escuela y la sociedad se encarga de matar el espíritu emprendedor, por eso no es tan abundante. Especialmente si la familia y la escuela pertenecen a los segmentos más desfavorecidos, inculcan la creencia que para ser empresario hay que tener mucho dinero. Claro, cuando utilizan la palabra “Empresa”, piensan en la Coca Cola, el Ingenio San Antonio, la Cementera y otras parecidas. Nada más equivocado. De ser así, no tendríamos grandes ejemplos de empresarios surgidos del seno de los más desposeídos.

Se necesita erradicar la creencia de que hay quienes nacen para obedecer y otros para mandar; que la mayor virtud del pobre es obedecer. Que sólo tienen derecho a pensar los de mucho dinero, posición o educación. Desgraciadamente, ese modelo de pensamiento se ha fomentado y reproducido por años. Con mucha frecuencia se evidencia en las aulas de clase, aún de estudios superiores.

Más que una habilidad propia de quienes tienen grandes estudios y dinero, el emprendedurismo es fundamentalmente una actitud ante la vida. Tampoco fomenta el individualismo. Es un proceso personal y social. El emprendedurismo es incluyente. Incorpora a toda la sociedad: pudientes, acomodados, sectores en riesgo, personas con capacidades diferentes, minorías, hombres, mujeres, niños, adultos... Se puede incluso hablar de una cultura emprendedora, en tanto la sociedad en su conjunto se llega a contagiar de esta forma de pensar y actuar. Una sociedad contagiada del virus del emprendedurismo, se vuelve auto-sostenible, muy segura y más solidaria. Una sociedad emprendedora desarrolla más emprendimientos sociales que una sociedad empobrecida, infeliz, derrotista y derrotada. El emprendedurismo es una gran herramienta para combatir la miseria y desarrollar un país. La cultura emprendedora es una especie de gallina de huevos de oro, al alcance de todos.

Las personas emprendedoras buscan su felicidad y la de la sociedad en su conjunto; los ejemplos de emprendedores nacionales lo confirman. El emprendedurismo consiste, principalmente, en ver la vida en positivo. Es encontrar en cada crisis la oportunidad que ahí se esconde.

¿No le gustaría a usted ser parte de esa población emprendedora que vive feliz haciendo lo que ama y amando lo que hace? Anímese. Para lograrlo no tiene que inscribirse en una escuela y ni tener características especiales. Recuerde, emprendedurismo es principalmente un asunto de actitud y se manifiesta en todos los campos de la vida. La sociedad para crecer sana y próspera, necesita de más y mejores emprendedores, sociales y empresariales. Usted puede ser uno de ellos o ellas. ¡Adelante!

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