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Masaya es reconocida por ser artesanal, laboriosa, enérgica y alegrísima. Hay buena comida, buen béisbol, buena marimba, buenas manos artesanales. En esa amalgama de espacios y hechos surgió la primera abogada mujer de la República, quien supo dignificar con creces al género femenino.

En la actualidad es común leer, oír, tranzar con Presidenta, licenciadas, doctoras, ingenieras, diputadas, arquitectas, ganaderas, filántropas, cantautoras y otras, pero terminada la Segunda Guerra Mundial, en nuestro país ser profesional era todo un acontecimiento, pero en 1945 surgió la primera abogada y notaria del país, su nombre completo es Olga Núñez Abaunza.

Nació y se crió en la avenida El Progreso o del Comercio en la actualidad. Hija del médico Arturo Núñez Arteaga y de doña Filomena Abaunza Zúñiga. Doña Olga nació el 22 de Marzo de 1920, hermana mayor de Gastón y Liliam. Cursó primaria en el Colegio de Señoritas de Masaya, secundaria en el Instituto de Varones de la misma ciudad y el Instituto Nacional Central Ramírez Goyena de Managua.

Contra todo pronóstico en la época, fue a mediados de los 40 del siglo veinte que la joven de Masaya logró su propósito y se graduó con honores de Doctora en Derecho y Notariado en la Universidad Central de Nicaragua, en 1945, siendo la primera mujer del país en lograr ese título, soportado con su tesis titulada: “La posición de la mujer en la Constitución y el Derecho Penal de Nicaragua”.

Con 33 años de formación, en diciembre de 1953 se casó con su novio, el abogado y notario Efrén Saballos; antes obtuvo postgrado en la Universidad de Pensilvania, con estudios internacionales de derechos humanos en la Universidad John Hopkins; obtuvo maestría en la Universidad Americana de Washington y diversos cursos en América Latina. Por tales méritos académicos fue nombrada, por primera vez en nuestra historia institucional (como mujer), vice-ministra de Educación en 1950.

Con tales credenciales y contra el estado de opinión, se formó como Abogada y Notaria; militó activamente en el Partido Liberal Nacionalista, siendo de confianza y admiración de Anastasio Somoza García. Fundó en 1955 el Ala Femenina Liberal y se destacó como mujer política feminista, siendo su ejemplo a seguir doña Josefa Toledo.

La doctora Núñez Abaunza fue la primera diputada mujer ante el Congreso Nacional Legislativo. Fue propulsora de muchas leyes y tratados internacionales; se destacó en el municipalismo; tuvo influencia decidida como legisladora en resolver una vieja disputa surgida entre dos villas del departamento de Estelí, obteniendo La Trinidad, por su movimiento agrícola y comercial, su declaración como Ciudad el 8 de diciembre de 1962.

Tuvo su lado de escritora. Como resultado, en 1945 ganó el Premio Nacional de Literatura Rubén Darío con su novela “Renunciación”; también formó parte del Ateneo de Masaya. Esta disciplina fue efímera, no hubo publicación literaria, a pesar de la gran cohesión creativa. Se decidió por la Política y la función pública.

Se le atribuye como consecuencia de la lucha emprendida por doña Josefa Toledo, de la Juez Joaquina Vega, segunda abogada y notaria incorporada, también de Masaya, y otras féminas, el hecho de que en 1955 las mujeres nicaragüenses pudiesen por primera vez en nuestra historia ejercer el derecho al Sufragio Universal.

Doña Olga falleció repentinamente en 1971. Fue una funcionaria pública de primer orden, luchó por lo que creyó; valiente, culta y excelente profesional. Las actuales abogadas deben saber que desde 1945 han generado estelas en el litigio y jurisprudencia patria y que una Masaya logró abrir esa brecha. Ahora que estamos en julio escribo esto en gesto de reconocimiento a la mujer.

 

* Licenciado en Derecho y Relaciones Internacionales