Jorge Eduardo Arellano
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Recientemente en Nicaragua, investigadores han encontrado fósiles de mamut. Éstos se suman a restos de mastodontes descubiertos en nuestro país. Algunos fósiles existen en el museo de las huellas de Acahualinca. Los investigadores han dicho que la importancia de encontrarlos es que cambiará la teoría de las migraciones de esos animales prehistóricos; durante muchos años se creyó que los mamuts sólo llegaron hasta América del Norte; los hallazgos actuales sugieren que los animales extinguidos en cuestión usaron el istmo centroamericano como un corredor para ir de norte a sur. La gran pregunta es, ¿modificar la teoría migratoria es lo más relevante que podemos esperar del hallazgo de fósiles de mamut en nuestra tierra?
Quizá para los académicos de la paleontología sí sea ése el principal aporte del descubrimiento; pero para los filósofos, historiadores y evolucionistas probablemente tal logro no sea el más importante. Para mí el significado toral de los fósiles de mamut en mi país es que resultan una herramienta educativa y demostrativa para que los niños y jóvenes vean y entiendan que hay especies de seres vivientes que se extinguieron; que fueron antepasados de otras especies actualmente vivas; especies que no fueron creadas por nada ni nadie para vivir eternamente; que no podían alcanzar todas las especies en una barca de madera; y que el proceso de la evolución existe desde muchos millones de años antes que el homo sapiens (hombre racional) existiera sobre la Tierra, lo cual no es más que la expresión de una de las características de la materia: su constante movimiento.

Lo anteriormente señalado reviste gran importancia porque la visión mágico-religiosa de la vida, las cosas, la sociedad y el universo ha ido apoderándose de la juventud. A pesar de que una gran parte de los jóvenes estudia, el oscurantismo no ha dejado de avanzar en sus diferentes formas: religión, mitos, dioses, esoterismo, supersticiones, etc. El sistema político a través de la educación ha inducido tal situación.

Fósil proviene de la voz latina fossilis que significa desenterrado. Fósil es el nombre que reciben los fragmentos de animales y plantas petrificados encontrados en terrenos geológicos antiguos. Fósiles de mastodontes y mamuts, los antepasados de los elefantes actuales, se han encontrado en Siberia y Europa por miles. Con ellos sucedió algo similar a lo que pasó con el hombre, según Charles Darwin (el hombre y el mono tuvieron un antepasado común, una forma lentamente organizada, especies diferentes evolucionando a ritmo y por vías diversas). Siempre han causado los fósiles impresiones de todo tipo. Ojalá con estos fósiles encontrados en Nicaragua no solamente nos quedemos con su significado migratorio; y mucho menos que nos suceda lo ocurrido hace ya muchos años.

El historiador José Reyes Monterrey en su libro “Apuntamientos básicos para el estudio de la historia general de Nicaragua” (Universitaria. León. 1989), nos recuerda que el arzobispo irlandés James Usher (1581-1656) calculó que el mundo había sido creado 4004 años antes de nuestra era. Luego, John Lightfoot, vicecanciller de la Universidad de Cambridge, determinó que el hombre fue creado el 23 de octubre de 4004 a. C., a las 9 a.m.; siendo cielo y tierra creados juntos.

Usher y sus seguidores calificaron a los fósiles como “modelos de las obras rechazadas por Dios” y como “diseños de creaciones futuras”. Seguidores de la Biblia dijeron: “Son los restos de los hombres gigantes de que nos habla el Génesis”. En Nueva Inglaterra, 1792, hallaron un diente de mamut que pesaba 2 Kg., pero fue atribuido a un hombre gigante de años anteriores. ¿Sabe usted cuánto medían de estatura Adán y Moisés?...probablemente no lo sabe; pero el francés Henrión, en 1718, basándose en los fósiles gigantes calculó que el primer hombre, según el creacionismo, medía 38.25 metros de altura; y que el guía mesiánico de los hebreos tenía sólo 3.96 m., de estatura.

Continúa explicándonos Reyes Monterrey que cuando aparecieron las primeras herramientas rudimentarias hechas de piedra (puntas de lanza, armas cortantes o hachas), los partidarios del creacionismo llamaron a éstas “hachas del cielo” porque que eran armas que habían caído a la Tierra durante la guerra en el cielo entre Dios y Satanás.

Después fueron llamadas ceraunias (piedras de rayo) ya que se pensaba que se formaban a partir de los rayos que tocaban la tierra. El físico italiano Michael Mercatti (S. XVI) y el francés Armand Jussieu (S. XVIII) no dejaron de insistir en que correspondían a herramientas de piedra elaboradas por hombres anteriores a la edad de los metales. Posteriormente, los profesores de Teología de La Sorbona (París, Francia) obligaron a retractarse a George Louis Leclere (1707-1788), mejor conocido como Buffon, porque calculó que la Tierra tenía 74834 años de antigüedad y que era una esquirla del Sol que se había enfriado para permitir el surgimiento de la vida 40062 años antes.

El renacimiento terminaría aceptando los conocimientos de Copérnico, Galileo, etc., para el desarrollo posterior de la ciencia y la tecnología; pero a pesar de tanto avance de éstas, el oscurantismo persiste y crece.

Bienvenidos los nuevos fósiles descubiertos, los cuales no son ningún milagro. El conocimiento y la ciencia deben estar de fiesta con tal evidencia para mejorar el entendimiento de los más jóvenes del país, que son la mayoría. La ciencia es luz, la luz es verdad, y la verdad nos hace libres.