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El Secretario de Estado, John Kerry, pretende cristalizar la paz entre Palestina e Israel, mientras las autoridades del gobierno israelita, rehúsan un nuevo aplazamiento de la construcción en los territorios ocupados.

Su plan para reanudar las estancadas conversaciones de paz se basa en tres ejes, económico, seguridad y político. Llamó a alcanzar la “única solución” posible para los dos estados, recalcando que “la paz es beneficiosa para la estabilidad y prosperidad de la región”. En septiembre de 2010, fue la última vez que israelíes y palestinos se sentaron a negociar en el marco de otra moratoria en los asentamientos que Israel incumplió.

Entretanto, el Pentágono aceita la maquinaria de guerra israelita, se habla de importantes avances tecnológicos y energéticos de Israel, el pulso electromagnético (PEM en español, EMP en inglés) cuyas alternativas los israelíes afinan la ayuda de los Estados Unidos.

El ataque de pulso electromagnético (EMP) o Bomba del Arco Iris, es un método militar realizado con armas generadoras de significativas cantidades de energía electromagnética ambiental, que destruyen total o parcialmente el equipamiento eléctrico y electrónico dentro de su radio de acción. Es un tipo de ataque EMP masivo ejecutado mediante la detonación de un arma nuclear a gran altitud, lejos de la atmósfera terrestre.

Con capacidad de abarcar un continente entero, causando un caos total civil y militar en el área alcanzada, privándola de servicios esenciales (electricidad, agua potable, distribución alimentaria, comunicaciones etc.), durante un período indefinido. Un ataque de tales características constituiría el punto de partida de la guerra nuclear, pues sus inmediatos efectos dificultarían o paralizarían cualquier tipo de defensa.

Una sola “bomba del Arco Iris” desarticularía totalmente las infraestructuras vitales de cualquier nación moderna, provocando el despoblamiento y enorme número de víctimas por hambre, epidemias, aniquilación económica y desestructuración social. Dudosamente algún país sobreviva a semejante situación como entidad social organizada.

Se desconoce alguna defensa eficaz contra este tipo de ataque, para cuya ejecución solo se requiere una bomba termonuclear de potencia intermedia (rango del megatón) y un cohete capaz de elevarla a unos 300-500 kms sobre el objetivo mediante un tiro balístico de alto ángulo parcialmente orbital o suborbital.

Es posible proteger instalaciones o vehículos contra el embate utilizando técnicas específicas, como la Caja Faraday, pero no una nación completa. Los seres vivos y los objetos son blancos fatales, el daño causado resultaría de la sinergia negativa acumulada por el fallo simultáneo de millones de equipos imposibles de repararlos o sustituirlos, dado que los repuestos necesarios para ello estarían igualmente averiados.

Según un estudio de la IEEE, la mayoría de componentes electrónicos actuales fallan en presencia de pulsos electromagnéticos de 1,000 voltios/metro y resultan destruidos entorno a los 4,000 voltios/metro. Un ataque de pulso electromagnético de gran altitud induce entorno a 50,000 voltios/metro, un valor doce veces superior. Los sistemas digitales modernos son especialmente sensibles a este tipo de ataque.

Las protecciones pararrayos tampoco son eficaces contra este tipo de ataque, la forma de onda del pulso inducido por un rayo y el causado por una bomba EMP es muy diferente. Tiene mucha mayor longitud de onda por lo que el pulso EMP las atraviesa antes de que estas reaccionen. Este efecto se observó por primera vez de manera accidental, durante las pruebas norteamericanas Starfish Prime de 1962. Desde entonces, todas las potencias nucleares de primer orden han incorporado a su arsenal armas capaces de producirlo.

Por su capacidad para generar pequeñas auroras debido a la enorme ionización inducida en las capas altas de la atmósfera, este tipo de arma recibe el “poético” nombre de bomba del Arco Iris.

Descubierto como resultado adjunto a las explosiones de bombas atómicas, las radiaciones del pulso electromagnético utilizable en bombas PEM, varían desde explosivos que destruyen los sistemas eléctricos como una red de distribución eléctrica de toda una nación a otros, que gradualmente pueden acabar con todos los tipos de aparatos electrónicos, sistemas de computación y de defensa, incluyendo detectores de mísiles, sin causar pérdida de vidas humanas.

 

* Diplomático, jurista, y politólogo