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Con el surgimiento de la sociedad de la información y la incursión directa de los medios de comunicación en el proceso educativo, la educación formal se está quedando sin aulas, es decir, sin esos espacios cerrados, controlados y reservados en los que el saber fluía verticalmente del maestro al alumno. Esta manera de complementar el desarrollo de la inteligencia humana en la persona es parte de los nuevos procesos de adquisición del conocimiento.

La concepción de colaboración para reforzar y posesionar los conocimientos adquiridos es parte de la función educativa que los medios aportan a los centros educativos, maestros y alumnos, creando nuevos ambientes de percepción y construcción del conocimiento.

Las escuelas y docentes tienen que ir descentralizándose de lo que hasta ahora ha sido su eje pedagógico y de la transmisión del conocimiento: el libro; y enfocarse más en convertir a los estudiantes en lectores; tratar de aprovechar sus intereses para que a partir de gustos y necesidades ir generando procesos de discusión, análisis y reflexión. Este ejercicio académico los podrá conducir a la formación que las instituciones desean: profesionales con sentido crítico y al mismo tiempo capaces de ir construyendo su propio conocimiento.

No podemos negar que los libros siguen siendo útiles y válidos para el proceso de aprendizaje, pero son subutilizados en este proceso. Así vemos en los niveles educativos de primaria y secundaria, al inicio del año escolar, que se les entrega un listado de textos supuestamente para utilizarlos durante el curso escolar. Los pobres niños hasta se encorvan del peso de sus mochilas con tantos libros; qué tristeza cuando al final del año hay libros que casi nunca se utilizaron.

Si bien el libro sigue siendo un recurso para adquisición de conocimiento, el facilitador del proceso de aprendizaje está en la obligación de recomendar qué leer, cómo leer y cómo complementar esa lectura con programas educativos que se generan desde los medios de comunicación social.

La pérdida de hegemonía del sistema educativo formal y la aparición de nuevas fuentes accesibles del conocimiento, especialmente desde los medios de comunicación, van provocando la democratización de la sociedad a favor de un mayor grado de libertad de expresión y acción. Esta combinación medios–escuela es lo que hoy está provocando lo que se conoce como comunicación para el cambio social: una nueva mirada a los diferentes fenómenos que surgen en el entorno inmediato. En palabras más sencillas es cambio de actitud. Solo de esa manera podemos ver la utilidad del conocimiento adquirido desde las aulas y desde los medios de comunicación.

Los retos de la educación hoy en día se presentan de manera universal aunque con matices diferentes, dependiendo de las situaciones económicas, geográficas, culturales de cada escenario. Como la producción del conocimiento o del saber no es privilegio de los centros de enseñanza, estos se tienen que abrir a nuevas fuentes y formas de compartir esos conocimientos que repercutan en la formación integral del nuevo profesional.

Este nuevo recurso educativo se llama medios de comunicación, este complemento conduce a ver la educación como algo que en todo momento debe ser crítico, y no seguir estrategias de censura. Los discursos generados por los medios de comunicación, que están sujetos a discusión, crítica y reflexión, ayudan a los estudiantes a realizar un ejercicio académico que provoque estados de libertad, de conciencia crítica y de argumentos lúcidos que conduzcan a una liberación del pensamiento.

Los medios de comunicación están provocando la participación de la sociedad en los procesos educativos, es por eso que los centros educativos ya no son la única garantía de socializar el conocimiento, sino que son los medios de comunicación, y por lo tanto es necesaria la participación de otros agentes sociales.

Los medios han hecho un espacio de convivencia social con los diferentes actores y actrices sociales, que puedan aportar desde su experiencia conocimientos, e ir tejiendo lo que hoy se denomina ciudades educativas, o comunidades educativas. Solo los medios pueden provocar esta red que permite involucrar a los diferentes sectores, porque la educación es de todos y para todos.

Nunca como hoy la educación de nuestros hijos ha quedado en manos de dos grandes instituciones: los centros de enseñanza y los medios de comunicación. Por eso es necesario que ambas estén en diálogo permanente.

 

* Consultor y catedrático universitario