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La palabra fiebre viene del latín y se traduce como calentar; es llamada también hipertermia, calentura o pirexia. Comúnmente se escucha decir: “el niño tiene temperatura”, refiriéndose a la fiebre; esto es un error, porque todos tenemos temperatura, y es fiebre solo cuando se encuentra por arriba de 38° Celsius. Otro error es decir que un niño tiene fiebre luego de poner la mano sobre la frente, pues la percepción es subjetiva, lo objetivo es tomar un termómetro en buen estado y medir la temperatura.

El cuerpo humano está diseñado maravillosamente para mantener un equilibrio en el control de la temperatura corporal (36.5 a 37.5°C.), a pesar de las variaciones diarias de la temperatura ambiental. La fiebre es un signo, una señal de que algo no anda bien en el organismo, pero no es una enfermedad, por lo que es un error fijar la atención en ella; se debe buscar la causa, corregirla y secundariamente cederá.

Este signo que tanto temor y alarma causa, a veces es manejado de forma inadecuada, haciendo mal a los niños, quienes aceptan todo “por su bien”. Es sabido que la fiebre causa gran malestar, los niños dejan de jugar, comer, vomitan con facilidad, se quejan de dolor de cabeza y algunos hasta convulsionan.

Es aceptable darles acetaminofén en dosis apropiadas prescritas por un profesional; los niños deben usar ropa ligera, estar en un ambiente agradable e ingerir suficiente cantidad de líquidos, pues cuando la fiebre está presente es fácil caer en deshidratación, perpetuando los malestares y la misma fiebre. Es aceptable que le ponga un paño húmedo en la frente, lo acompañe y lo mime de ser preciso, pero no es aceptable que lo bañe.

Es tan común bañar a los niños con fiebre como peligroso y contraproducente, pues lo único que provoca es incrementar la temperatura corporal, por la siguiente razón:

Existe en la base del cerebro un tejido especializado llamado hipotálamo; en él se encuentra el termostato del cuerpo –encargado de mantener la temperatura en rangos normales–; cuando hace calor recibe la señal de los receptores que hay en la piel y pone en marcha los mecanismos de pérdida de calor –aumento del flujo sanguíneo a la piel y sudoración–; cuando hace frío también recibe la señal de la piel y activa los mecanismos de conservación de calor –disminución del flujo sanguíneo, escalofríos, piloerección–.

Si un niño tiene fiebre es sencillamente porque el termostato del hipotálamo fue desplazado a un nivel más alto a causa de un pirógeno –infección, trauma, deshidratación– y la piel envía la señal de frío a pesar de tener la temperatura normal; se ponen en marcha los mecanismos de conservación de calor y la temperatura de la piel sube hasta igualar el nuevo valor fijado en el termostato. Mientras no se baje el nivel de este último, por ejemplo controlando el proceso infeccioso, el estímulo de la fiebre permanecerá activo.

Si un niño tiene 39°C, lo mismo tiene el termostato, y si se enfría bruscamente la piel con agua, aunque sea tibia, va a enviar una señal al hipotálamo de que afuera hay frío y pondrá en marcha los mecanismos; entonces verá a su niño con los dedos azules y tiritando, y a corto plazo incrementará aún más la temperatura central.

Puede bajar la temperatura de la piel y engañarse mientras la temperatura central sube más, o darle confort a su hijo con las medidas antes mencionadas, mientras el proceso infeccioso –causa común de fiebre– se controla. Después de todo la fiebre es un mecanismo de defensa del cuerpo.

 

* Pediatra

angelcent_03@yahoo.es