Amaru Barahona
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“La inversión extranjera no puede ser destructiva. Tiene que ser sana”. Así se manifiestan los propietarios nacionales de farmacias que protestan oponiéndose a la instalación del monopolio extranjero Kielsa. Estas palabras deberían quedar escritas en mármol. Expresan la sabiduría de un sentido común que revela con claridad y sencillez la perspectiva correcta de desarrollo que requiere el país.

¿Para qué queremos una inversión extranjera que desplaza producción y servicios nacionales; que aniquila fuentes de trabajo existentes; que desarticula encadenamientos en nuestro precario mercado interior; que establece precios oligopólicos que encarecen el consumo; que degrada la calidad de los servicios; y que, además, acumula riqueza generada internamente y la exporta como capital fuera del país? En otras palabras, ¿para qué queremos un tipo de inversión que nos vuelve más pobres, más dependientes económicamente y más subdesarrollados?

Solo la torpeza dogmática y/o los intereses mezquinos de minorías pueden favorecer el florecimiento de este tipo de inversión. Yo califico este tipo de inversión extranjera como una inversión depredadora, opuesta a la inversión extranjera que necesitamos, que precisa ser selectiva y con exigencia de requisitos de desempeño. Es decir, una inversión que se ubique en áreas que acotemos por sus carencias o funcionalidad estratégica; que se vincule con los encadenamientos de nuestro mercado interior; que transmita conocimiento tecnológico y capacite fuerza de trabajo; que no desplace actividades económicas existentes y fuentes de trabajo establecidas; que no sea exportadora neta de capital y reinvierta alguna parte de sus ganancias. Una inversión extranjera con los atributos mencionados, sería una inversión virtuosa que nos ayudaría a desarrollarnos.

Lamentablemente, desde el inicio del implante neoliberal con el gobierno Violeta Chamorro – Toño Lacayo, lo que se ha promovido es la inversión extranjera depredadora. Regalamos a precios subvaluados nuestros servicios estratégicos como la energía y las telecomunicaciones; desarticulamos los encadenamientos existentes en los rubros de lácteos y cárnicos; sacamos del mercado a productores y procesadores nacionales de cerdo; cortamos el vínculo que existía entre los productores campesinos de maíz y el consumo urbano de tortillas; Montelimar, una inversión turística que nos costó 37 millones de dólares, diseñada para traer divisas al país, se vendió a Barceló por 4 millones de dólares pagados a plazos (¿de cuánto sería la propina de Fulanito Belli, el ministro de turismo de la inmaculada Doña Violeta?); ahora aquí no se captan divisas sino que se exportan, porque este plantel obtiene sus ingresos, básicamente, de la afluencia de turistas nicas de clase media y alta, y es un exportador neto de capital.

Algo peor: todo este desastre que ha venido a profundizar nuestro atraso económico se amarró con un entramado jurídico que nos tiene atados por el cogote. Se promulgaron las llamadas leyes para promover la inversión extranjera; se firmaron los llamados BIT (por sus siglas en inglés, tratados bilaterales de inversión); se firmaron cantidades de TLC y ADA (nombrecito europeo para denominar lo mismo o algo peor que un TLC). Al igual que las leyes, estos tratados tienen un acápite de inversiones con mucha jerigonza jurídica, pero cuyo contenido se puede resumir de la siguiente manera: “Invitamos al capital extranjero. Aquí encontrarán todas las condiciones para depredar y llevarse la riqueza del país.”

Conduciendo la política económica, el gobierno actual tiene un equipo neoliberal, devoto de la ortodoxia y cerrado de mollera. Salvo algunas loables excepciones, ha continuado esencialmente con la misma política de inversiones de los gobiernos precedentes. Nunca se han firmado tantos TLC, BIT y ADA como con este gobierno. Sus tecnócratas gozan de una auténtica pasión orgiástica por los TLC, BIT y ADA.

Ellos gozan de su orgía y los nicaragüenses la padecemos.

Me solidarizo con la justa demanda de los propietarios de farmacias. Les insto a que no declinen su lucha y enfrenten a la burocracia neoliberal de este gobierno. Pero también les insto a que se enfrenten a la cúpula del Cosep y a los Amcham, que han sido los principales instigadores de las inversiones depredadoras en este país.

* Planificador económico, historiador y sociólogo