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Poco se escribe o se habla de los derechos del mar en Nicaragua, porque le hemos dado la espalda a todo lo que es agua, sea esta dulce o salada. A pesar de que tenemos más agua que todos los países centroamericanos, con excepción de Panamá, siempre vemos y utilizamos los recursos de la tierra para satisfacer nuestras necesidades cotidianas. De lo contrario no hubiéramos contaminado las aguas del lago Xolotlán al grado a que llegamos.

Es laudable que aseguremos los derechos del mar, considerando que es la fuente de vida de los pueblos del Caribe nicaragüense, la otra Nación, por su origen e idiosincrasia, de la República de Nicaragua. Nos guste o no, todavía en el siglo XXI estamos divididos por las barreras naturales que forma nuestra floresta y sistema hidrográfico, haciendo más penoso la existencia de los pueblos del Caribe.

Todavía no hay una autopista o un tren que conecte el Caribe nicaragüense con el Pacífico, conforme a la distancia de ambas costas. Sin duda la iniciativa de asegurar la delimitación de la superficie marina del Caribe es fundamental, más cuando los pueblos de la Región del Caribe miran hacia el mar, porque ahí están los recursos marinos que le dan vida a la población.

Asegurar los derechos del mar Caribe merece alguna consideración para dar fortaleza a la solicitud de delimitación marina en la Comisión de Derechos del mar de Las Naciones Unidas. Los nicaragüenses debemos tener claro que Colombia tiene un enclave jurídico en la Plataforma Submarina de Nicaragua. El “enclave jurídico” solo da los derechos que le otorga la Sentencia de La Corte Internacional con sede en la Haya.

Esto no compromete la Plataforma Submarina Continental, por lo que el espacio marino más allá del límite jurídico le pertenece a Nicaragua. Más cuando no existen territorios continentales colindantes con la nación, aunque ella cree tener derechos de pertenencia. Ningún archipiélago cedido jurídicamente genera plataforma submarina, de eso debemos estar claros los nicaragüenses, esa intención solo responde a intereses imperiales que hay que desterrar del ámbito centroamericano.

La estrategia de someter la demarcación marina a la Comisión de Límites de las Naciones Unidas debe de ir acompañada de un proceso de negociación con las Naciones Caribeñas identificadas que colindan con el mar de Nicaragua en el Caribe Oriental, donde sobra el país beneficiado por el fallo salomónico de la Corte Internacional de Justicia.

De acuerdo con las noticias periodísticas del reclamo, da la impresión de que existe debilidad desde el enfoque geográfico, que es la principal fortaleza en la delimitación marina y parece que no tienen gente calificada en esa especialidad, que asesore a los juristas y politólogos que llevan el caso. A estos no se les puede pedir más de lo que saben hacer.

Esa misma debilidad se refleja en la última sentencia que emitió la Corte Internacional de Justicia, donde perdimos parte de nuestro patrimonio geográfico.

anraro2003@yahoo.com