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Cuando nos comunicamos, recurrimos a algunos medios para hacer más vivo, más expresivo e interesante nuestro mensaje. Y es que el lenguaje con que expresamos los afectos está profundamente vinculado al grado de emoción personal y a las circunstancias en las cuales nos encontremos. La emoción, entonces, se traduce en cambios de entonación, en comparaciones, en repetición de frases, en omisión de vocablos, hipérboles… ¿Recuerda usted como llama el pueblo a una persona muy baja de estatura? “Soplapolvo”. ¿Por qué? Porque seguramente imagina que en cada ventosidad levanta una polvareda. ¿Verdad que es una palabra más intensa y expresiva que “zaparruco”, que no nos dice nada, o “chaparro”, usado también en México y otros países?

Pues la vida diaria está llena de palabras y expresiones empleadas en sentido figurado. ¿La razón? Nos permite comunicar nuestras ideas no sólo con mayor viveza y expresividad, sino que con más claridad y precisión. Fíjese que cierto tipo de pez se llama “pez espada” y otro “peje sierra”. Como una especie de escualo se llama “tiburón martillo”. Un tipo de vehículo (el volswagen) lo llaman “escarabajo” y una especie de candelabro colgante, sin pie y de varios brazos, es conocido como “araña”. ¡Cuántas palabras no tendríamos que emplear para describir estos animales, vehículos y objetos!

A veces, no tenemos palabras para nombrar algunas cosas, pero el lenguaje figurado nos ayuda a salir del paso fácilmente, como el mueble de tres patas que llamamos “pata de gallina” o de la herramienta llamada “pata de chancho”. Un tipo de ave la llamamos “tijereta” por la cola en forma de tijera; y a la luciérnaga en Nicaragua la conocemos como “quiebraplata”, porque al producir una luz blanca (como el reflejo de la plata) emite un sonido también con su cuerpo como si se “quebrara”.

Es el fondo de la metáfora popular porque el pueblo busca, en sus expresiones espontáneas, una relación de semejanza entre el nuevo objeto y el nombre de otro conocido, como cuando habla de un picadillo de naranja conocido como “pico de pájaro”. O como cuando se dice de una mujer ligera de cascos que es una “pila de agua bendita” porque todo mundo le mete la mano. ¿Ha visto usted una bandada de zopilotes que en picada caen sobre una carroña? Pues el pueblo emplea la expresión “caerle la zopilotera” para significar que alguien es agredido por varias personas a la vez.

¿Ha observado usted la “conducta” de los animales? ¿Se ha fijado que las mulas son tercas, los machos –sobre todo viejos- son mañosos, las niguas molestan mucho y los monos hacen muecas? Entonces usted comprenderá fácilmente las expresiones: “Es más terco que una mula”, “Es más mañoso que un macho viejo”, “Es una nigua para joder”, “Es un mono para hacer muecas”. En verdad, el pueblo suele establecer una relación de semejanza entre determinadas actitudes de las personas y algunas costumbres y características de los animales, y las expresa en refranes populares: “ser un perro con rabia” se le dice a la persona “malbozaleada”; “hacerse el gato bravo” es hacerse el loco con lo ajeno; “rascarle la barriga al chancho” es adular a una persona; “meterle el mono” (a alguien) es amedrentarlo; “coger el camino de las yeguas” se aplica a las mujeres que sin casarse se van “juidas” con un hombre. La joven que “complace” al novio antes de casarse “le da un adelanto” y el novio –ya casado- en “recompensa” “le da para sus puros” y, como si esto fuera poco, “le da sopa de muñeca”.

En Chontales hay una expresión que surgió entre ganaderos y que se refiere a la persona que ya nace con sus vicios y debilidades: “La vaca que se va a perder desde chiquita busca el monte”. Y es que el chontaleño desde niño va aprendiendo a establecer ese paralelismo entre las acciones de las personas y los animales: “enzacatado” dicen en el campo de la persona que ha engordado por la prolongada inactividad, y “matacán” se dice del muchacho adolescente.

Es el lenguaje figurado de todos los días que tiene sus principios en lo más íntimo del alma popular y que no sólo enriquece y renueva la lengua con nuevas palabras, sino que le imprime colorido y vivacidad. Por eso el nica, al referirse a alguien que tiene metido el pantalón entre las nalgas, utiliza una frase cargada de expresividad: “anda ahorcando la perra”.

* Escritor y lingüista