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Somos el resultado de una cultura indígena diezmada a la que le impusieron otra por medio del genocidio, la espada, el lenguaje y la religión. El mestizaje lo cargan los pobres. Ellos, lo ladino. También arrastramos el subdesarrollo como el mayor lastre del pasado. Las elites criollas se disputan en el Internet que el origen de sus apellidos de cuna está en los Reinos de Castilla, de Navarra. Galicios, ostentosos, patrimonialistas, antimestizos llamados por su santa voluntad a gobernar los destinos del país.

Esa dualidad de valores penetra hasta ya iniciado el siglo XXI y son grandes rasgos distintivos en nuestra política criolla. Estos imbricados y ungidos de la cultura española, divorciados de los indígenas porque no se mancharon en el mestizaje, dividen nuestros valores nacionales y antagonizan nuestra realidad social. Un país en otro país en la visión mágica de los autoproclamados, refinados y desconfiados pero ineficientes por conservarse en el quietismo político ante la grave falta de ideas, de la ausencia total de líderes con protagonismos que emerjan de ese espectro opositor y que no sea para regalar un rollo de papel higiénico a los viejitos proclamados vencedores en sus justos reclamos el 19 de Julio.

Seguimos siendo dependientes y de los más pobres del mundo, decía el Presidente Daniel en la Plaza. Obligados a aceptar las condiciones que imponen los organismos financieros que es lo mismo decir, los países ricos. Para complicar las cosas aquí los antimestizos celebran si ellos no otorgan un “waiver”, aunque sea de suma importancia para alcanzar la ayuda externa que sigue siendo crucial.

Apuntan a la inestabilidad viendo guerrilleros armados en el cáliz de los curas, sin concebir que la violencia solo tenga origen en la tensión que producen sus antagónicos –los pobres-, y que el Gobierno solventa para que no desborde y no alcance los niveles de conflicto. Temed la paciencia de los pobres, escribía el poeta.

La Nicaragua de hoy sigue siendo el producto del subdesarrollo, tiene profundos e ingentes problemas que resolver; niveles de vida, educación, salud, servicios públicos. La elite antimestiza y castiza sin sentido nacional no desempeña su papel opositor y adolece de clientela participativa.

Lo racional sería comportarse como nicaragüenses a la hora de discutir y resolver los problemas nacionales; dotarse de una nueva cultura política que reemplace lo antimestizo, ladino y clerical por valores que los integren a la nación en una democracia representativa que hemos producido durante los últimos treinta y cuatro años, sin desviarnos del curso racional que hemos escogido deponiendo las aptitudes bélicas, reforzando aquellas instituciones deficientes y reconociendo las libertades que genera el Estado.

Nos corresponde a todos luchar por el progreso. Reemplazar el pensamiento colonial por otro que estimule la inversión, la producción y se termine al fin con la miseria. El mengalo del que nos habla el maestro Mario Fulvio Espinosa es el desprecio que siente la plutocracia criolla por la clase indígena, esa está presente en la almohada de seda desde donde sueñan los descendientes de los Reinos de Navarra y de Castilla con el regreso de Gil González para que traiga más cuentas de vidrio.

* Abogado y notario

abogacía_almendarez@hotmail.com