• Managua, Nicaragua |
  • |
  • |
  • elnuevodiario.com.ni

El espíritu de las leyes, no solo contiene una exposición de los poderes inherentes al Gobierno de los Estados y la conveniencia de manejarlos de manera autónoma, es también una larga reflexión sobre el ámbito que las leyes civiles deben cubrir y los que deben dejar a otras regulaciones presentes en las sociedades humanas: costumbres; hábitos o modales; religión, moral natural… etc. (Ver en particular el libro XXVI: De las leyes en la relación que deben tener con el ámbito de las cosas sobre las cuales estatuyen)

La ley civil 779 ha generado un amplio debate en nuestra sociedad. A juzgar por una encuesta realizada en el mes de junio del 2013, el 82% de la población era entonces favorable a su implantación: no solo la mayoría de las mujeres sino también al menos el 64% de los hombres.

Una de las recomendaciones de Montesquieu –desarrollada explícitamente en libro XIX de su obra magna– es que las leyes civiles no contradigan o se opongan, sino que sigan, las costumbres vigentes en una sociedad.

Curiosamente señala en ese mismo libro (Capítulo XXVI) que al adquirir los romanos las costumbres más groseras de los orientales, hicieron también desaparecer las leyes civiles anteriormente existentes contra el maltrato para las mujeres. Lo que está pasando en Nicaragua, lo que las organizaciones de mujeres en primer lugar, y la mayoría de la población en su conjunto están deseando y exigiendo, es que repudiemos costumbres que heredamos de un pasado indigno de nosotros. Porque son precisamente las prácticas o costumbres de nuestra sociedad, seguramente influenciadas por la herencia musulmana en España y por el trato a las mujeres indígenas, esclavizadas al igual que sus hombres durante la conquista y colonización, las que son responsables de las criminales injusticias a las que la ley pretende paliar.

Algunos líderes religiosos de las diferentes denominaciones cristianas, al igual que muchas personalidades de la vida civil, han tomado posición en relación con la ley civil 779. En los apartados de su obra que tratan de la religión (en particular los libros XXIV y XXV), Montesquieu, católico confeso, sugiere que los preceptos o consejos de la religión -no leyes que castiguen porque para entrar al cielo el arrepentimiento es suficiente- deben de limitarse a la búsqueda de la perfección espiritual. Aunque en la práctica de su gobierno interno y ejercicio del poder no todas las variantes del cristianismo presentes en Nicaragua soportarían un escrutinio ecuánime, es difícil imaginar que una religión que implícita o explícitamente recomiende prácticas contrarias al espíritu de la ley 779 pueda guardar durablemente la simpatía de las mujeres.

Como la ley 779 es una ley civil que la mayoría de los hombres están deseando, y las mujeres exigiendo, va a ser interesante ver cómo los posicionamientos que los diferentes líderes civiles y religiosos han venido tomando desde el mes de junio ha afectado la opinión pública a la ocasión de una próxima encuesta sobre el tema.

Ejemplos de esos posicionamientos son las conclusiones al respecto emitidas recientemente desde Chinandega por la conferencia episcopal de la Iglesia católica. También las recomendaciones de nuestra muy admirada directora de la Policía Nacional, Aminta Granera, a las cadetes que enviaba a todos los rincones del país para implementar con firmeza y severidad esta ley que está destinada a transformar para mejorar la vida de las mujeres nicaragüenses; y marginalmente también, pero en mucho, la vida de los hombres.

* PhD en Lingüística por el Instituto

Tecnológico de Massachusetts