•   Managua, Nicaragua  |
  •  |
  •  |
  • elnuevodiario.com.ni

La persona humana se construye a sí misma, en la dinámica cotidiana de la reflexión-acción. La acción en que nos envolvemos cada día, es una oportunidad para nuestro desarrollo, pero también un peligro amenazante. En tanto se suceda la acción de manera huracanada, sin tiempo ni espacio para la reflexión sobre ella, nuestras vidas se empobrecen en aprendizajes y valores. Por el contrario, si desde la acción logramos reflexionar críticamente, en forma sistemática, no solo mejorará la calidad y eficiencia de nuestras acciones, sino generará en nosotros capacidades forjadoras de una sólida personalidad y un desarrollo estratégico.

La educación representa el espacio privilegiado para hacer de la acción un proceso sistémico e intencionado, de manera que contenga la reflexión crítica como parte de la acción misma. En este sentido, la reflexión crítica posibilita dar sentido y significado a la acción y, desde la acción misma se posibilita enriquecer la reflexión crítica. Este círculo virtuoso da la clave para que el centro educativo logre asumir el desafío de la calidad educativa.

El tema de la reflexión en la educación viene siendo estudiado por distintos autores, convergiendo, en general en que, cuando la actividad bien orientada es parte esencial de la gestión educativa, podrá lograr mayor efectividad de cambios, siempre que venga acompañada, como un sistema único, de la reflexión crítica de la acción misma. Pero no se trata de una reflexión superficial, simplista o enfocada hacia los demás y no hacia quienes realizan la acción. Tampoco esta reflexión queda estancada en un momento, por el contrario, debiera realizarse en cuatro momentos: a) Reflexionar antes de la acción, b) reflexionar durante la acción, c) reflexionar después de la acción, y d) reflexionar sobre cómo se hace la reflexión (meta-reflexión).

Este caminar no está exento de obstáculos y desviaciones. Hay quienes conciben la reflexión como espacio necesario pero improductivo. Cuando la reflexión crítica no compromete ni se concreta en la acción educativa, convierte a la reflexión en un obstáculo al cambio educativo. Este quietismo pedagógico manipula de esta forma la reflexión, alimentando únicamente la emoción de reflexionar por reflexionar, haciendo daño a la acción que requiere dinamizarse y reconstruirse constantemente. Otra desviación visible y muy frecuente es reflexionar, pero sobre los demás. Así, es frecuente que al realizar reuniones en la institución educativa, directores y docentes sucumban a la tentación de reflexionar sobre la falta de compromisos de los demás (alumnos, padres de familia), y no sobre su propia responsabilidad.

Hemos comprobado en el ámbito educativo, en consonancia con numerosas investigaciones, que cuando un director o un docente logran incorporar estos cuatro momentos de la reflexión, llegan a realizar cambios sólidos en sus concepciones y prácticas educativas. En tanto se preparan para la acción educativa reflexionando sobre sus propósitos y resultados, logran orientar con efectividad el éxito de sus acciones. Es más, en tanto al realizar estas acciones, reflexionan críticamente sobre cómo las están realizando, ejercitan su capacidad metacognitiva y autorreguladora que les posibilitan monitorear la acción misma y corregir las desviaciones o errores introducidos, reorientando la acción misma hacia los resultados previstos. Esta actitud autocrítica dirigida por la actividad metacognitiva y autorreguladora, proporciona claves insospechadas para el crecimiento personal e institucional. Es evidente que este comportamiento es el que diferencia a un experto de un novato, a una persona que crece en calidad de otra que prefiere la mediocridad.

Pero la realidad en que se mueve la educación pareciera estar eximida de la práctica de esta reflexión crítica. Su influencia global y neoliberal hace que se interese más en obtener resultados, cualquiera sea su calidad, anulando todo espacio posible para la reflexión crítica de la acción, examine los procesos que concurren en los resultados. De este modo el centro educativo acaba ejerciendo una función reproductora, adoptando roles que convierten a directivos y docentes en meros operadores o peones. Si así fuera, se estaría negando la oportunidad de reflexionar críticamente sobre la acción educativa, antes, durante o después de la acción misma, quedando la acción atrapada en la falta de sentido y significado, en una palabra, en su naturalización y rutinización.

Crear espacios sistemáticos para poner en acción la reflexión crítica compartida sobre la acción educativa, posibilitará abrir rutas insospechadas generadoras de cambios educativos. Ello facilitará el camino para salir de la pereza educativa que nos agobia, siendo que la educación tiene tanta prisa.

 

* Ideuca