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Este 5 y 9 de agosto se cumplieron 68 años de la detonación de las bombas nucleares en Hiroshima y Nagasaki, hasta el día de hoy registradas como los únicos casos de armamento nuclear empleado contra seres humanos, resultado en la pérdida de millones de seres humanos y cientos más por los efectos secundarios de la radiación, años después.

Con el tratado de No Proliferación Nuclear se le limitó a cinco países la posesión de armamento nuclear: Estados Unidos, la ex Unión Soviética, China, Reino Unido y Francia; por haber sido los únicos en haber detonado un ensayo hasta 1967. Los atentados del 9/11 fueron el punto de partida para toda una nueva política antiterrorista en EE.UU., orientados hacia la no proliferación de armas nucleares, biológicas y químicas, impulsando procesos de transformación política en todo el mundo.

Pero dichas políticas parecen flexibilizarse o recrudecerse con algunos gobiernos. Ejemplificando: mientras Pakistán efectivamente creó en secreto armas nucleares y no es percibido como una amenaza, Irán es acusado de desarrollarlas, aun cuando no existe prueba alguna para tales acusaciones. Ambos países han sido en algún momento asociados al terrorismo, sin embargo las políticas del gobierno estadounidense son ampliamente distintas en cada caso.

Las razones deben buscarse en el pasado, cuando el gobierno de EE.UU. consideraba un aliado al Sha de Irán en su lucha contra el comunismo, momento en el cual financió los inicios del programa nuclear iraní. Luego de la revolución iraní de 1979, la población apoyaba las reformas en ese entonces efectuadas. Pero el nuevo régimen se oponía a cualquier forma de intervención e influencia occidental, por lo que EE.UU. vio a Irán como una amenaza a sus intereses en medio oriente.

Dados los antecedentes históricos entre las tres naciones, mientras Pakistán posee tales armas y es descrito por los EE.UU. como un aliado estratégico, Irán es calificado como una amenaza a la seguridad mundial.

No corresponde a Washington ni demás grandes potencias decidir quién puede o no desarrollar un programa nuclear con fines pacíficos, dado que dichos programas son un puente al desarrollo de nuevas tecnologías y progreso; pero Irán ha sido castigado con un sinnúmero de sanciones al defender su hegemonía y derecho para investigar y desarrollar tal programa.

En una de las más viables soluciones hasta ahora sugeridas, Irán enviaría 1200 kg. de uranio a Turquía, enriquecido al 3.5%, para un año después, regresar 120 kg. a Irán enriquecidos al 20%. De esta manera, Irán tendría suficiente uranio para sus reactores sin necesidad de llevar a cabo el proceso de enriquecimiento y librarse de esta manera de las acusaciones de un programa paralelo para la construcción de una bomba atómica.

La propuesta fue rechazada por EE.UU. y calificada de no viable, aun cuando tiempo atrás hicieron la misma propuesta, con la diferencia que Rusia se proponía como país intermediario. De hecho, la propuesta era muy buena tomando en cuenta que Irán necesita uranio para la generación de electricidad. Al tercerizar el proceso de enriquecimiento, Irán se dispondría solo a abastecer sus reactores.

Con una cantidad fija de uranio por año, la comunidad internacional tendría un mejor recuento de las reservas iraníes. En caso que la propuesta no fuese realista, Irán retrasaría su programa nuclear, lo cual favorece los intereses norteamericanos.

El gobierno iraní se encuentra en la disyuntiva entre seguir enfrentando las sanciones y defender su derecho a continuar con el programa, o rendirse ante las demandas de la comunidad internacional y desperdiciar completamente toda la infraestructura hasta ahora creada, y los millones de dólares que a través de los años han sido invertidos en esto.

La colaboración de Irán con otros países como Brasil y Turquía, implicaba su independencia de las más grandes potencias al colaborar mutuamente por un bien común, a la vez que demostraban ser capaces de mantener una agenda diplomática propia y proteger sus intereses, sin la intervención de los cinco miembros permanentes del consejo de seguridad.

Dichas acciones significarían una disminución de su influencia en estas economías más pequeñas, dado que gracias a la mutua colaboración, no necesitarían más de las tecnologías proporcionadas por los miembros del consejo para los programas nucleares.

Con una sociedad en desarrollo y la necesidad de producir más energía a menores precios, probablemente en el futuro otros países también aspirarán a desarrollar sus propios programas con la intención de obtener energía más barata y aplicar la tecnología nuclear en otros campos de la ciencia. Por ende, una acción global es necesaria para crear un marco regulatorio que dictamine cómo proceder en estos casos, con los lineamientos que un país debería seguir al momento de dar inicio a su propio programa nuclear.

 

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