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A pesar de lo que percibimos en los medios de comunicación, en los dichos y refranes, como el que “detrás de un gran hombre hay una gran mujer”, se esconden escenarios tangibles en donde la mujer ha sido de por vida la gran protagonista del desarrollo de la humanidad. Sin embargo, debatir sobre los pros y contras nos llevan a ser cada vez más conscientes del papel que ha asumido y los que asumirá la mujer, sin caer en fanatismo, en ninguno de los extremos.

La historia registra la unión matrimonial como parte de la expresión de amor entre dos seres que supuestamente se aman. Una mujer y un hombre que se juramentan, ya sea por religiosidad o por las leyes, amor hasta que la muerte los separe, pero que en esa unión están los mismos que en su mayoría, por siempre han sometido a sus órdenes al género femenino.

La realidad nicaragüense refleja que ha sido más evidente el sometimiento de mujeres, que sin argumentos sólidos se apegan absolutamente a su pareja hombre. Hechos atroces han sido publicitados en los medios de comunicación, y las declaraciones demuestran que muchas veces la mujer es quien no quiere o no puede dejar a su pareja. Explicaciones: “por los hijos, por los padres, por el matrimonio”. Mientras tanto ese hombre violento se pasea por la calle con sus “cuates de tragos”.

Las estadísticas de la Policía indican que los hombres han dado muerte en 2012 a más de 70 mujeres en todo el país. Casos que llegan a hacerse públicos a través de la denuncia. Por su parte, la Red de Mujeres Contra la Violencia va más arriba con un total de 83 femenicidios. A la fecha de 2013 van 10 asesinadas. Pero cuántas otras muertes tendrán relación directa con el maltrato salvaje que reciben las mujeres por parte de los hombres y hasta de otras mujeres. Ya no digamos los retos/dificultades que enfrentan estas en zonas donde aún se mantienen patrones conductuales ofensivos a los derechos humanos.

La parte legal para castigar a los abusadores, muy bien, sin embargo, las mismas afectadas como aquellas personas que conocemos casos y los hacemos públicos, tenemos la obligación de promover lo propositivo de los hechos, y de la misma manera pretender mejorar las políticas públicas de prevención de la violencia.

Aunque la ley 779 sea pública, también urge que desde la educación formal se transmitan enseñanzas que la niñez pueda aplicar en sus hogares. Es desde ahí que los educadores y educandos serán conscientes del respeto hacia cualquier persona, no precisamente porque exista una ley que lo obligue, sino porque dicha educación es un complemento de lo que se aprende en casa.

Enfrentarse a la enseñanza en la casa, es otra situación que se le complica a la mujer, porque muchas veces queda sola, el hombre irresponsable se fue, y es ella quien asume educarlos. En muchos casos la mujer no puede conducir a los hijos y es donde éste va viendo que su propia madre le genera violencia, patrón de conducta que reproduce cuando es adolescente y cuando tiene su pareja, volviéndose así un machista más.

Y el reto soberano es que la ley no sea arma para someter a aquellos que tienen las mejores intenciones de colaborar con el desarrollo, ya que muchas mujeres se pueden aprovechar de la ley para cometer actos ilícitos que incluso pueden perjudicar a los hijos.

Desde los medios de comunicación, principalmente radiales, escuchamos groseramente que un “compañero de vida” es quien dio muerte a la mujer, cuando realmente somos irresponsables en continuar transmitiendo palabras que enredan el pensamiento de las generaciones que pretendemos muestren mejor conducta en la familia y en la sociedad.

 

* Comunicador Social