Alberto Alemán
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Los pilares del modelo de crecimiento económico de China han sido la inversión y el endeudamiento a gran escala para la inversión, y las exportaciones. Hoy, este modelo está en crisis. El desafío de sus dirigentes es basar el crecimiento en el consumo interno.

“Las señales actuales son inconfundibles. China está metida en serios problemas”, escribió hace dos semanas el Nobel de Economía estadounidense Paul Krugman. “No hablamos de cualquier revés menor de los que siempre aparecen en el camino sino de algo más fundamental. La forma como un todo de hacer negocios del país, el sistema económico que ha empujado tres décadas de increíble crecimiento, ha llegado al límite. Uno podría decir que el modelo chino está a punto de estrellarse contra su Gran Muralla y lo único que queda por preguntarse es la gravedad de los daños causados por el choque”.

La advertencia de Krugman es la más severa que hemos oído en estos días. ¿Cómo se llegó a este punto?

Después de tres décadas de crecimiento de doble dígito (10% en promedio) sustentado en deuda y en inversión, el gasto en infraestructuras y capacidad de manufactura ha bajado de ritmo, lo cual, “no debería ser una sorpresa”, sostiene Michael Pettis, un estadounidense que es profesor de Economía de la Universidad de Pekín y asociado de la Carnegie Endowment for International Peace.

Con alto endeudamiento fue como en la República Popular China, RPC, se financió las modernas autopistas, los trenes de alta velocidad, los inmensos aeropuertos, astilleros, centros comerciales, acererías y numerosas fábricas que hoy vemos.

“Para protegerse del riesgo de una crisis de deuda, China debe detener el (ritmo del) gasto. China quiere ahora hacer un rebalanceo de su economía, dejar de depender excesivamente de la inversión y la deuda, y aumentar el papel del consumo como motor del crecimiento”, argumenta Pettis.

Las exportaciones son el 70% del PIB chino. Para este año, se pronostica un crecimiento de 7.5%, otro año con un índice menor al 10% de la media de los últimos 20 años. Con el nuevo enfoque que busca estimular el consumo interno, el PIB podría caer aún más, advierte el profesor de la Universidad de Pekín.

Por su lado, Murtaza Syed, el segundo jefe de la misión del FMI en Pekín, refuerza la noción. Destaca que China avanzó enormemente en competitividad con la reestructuración del sector estatal, la limpieza del sistema bancario y la entrada a la OMC, todo dentro de un modelo centrado en la inversión y las exportaciones.

Syed agrega que “un big-bang similar se necesita ahora, pero esta vez centrado en el consumo y los servicios”.

Pero siempre es más fácil decir las cosas que hacerlas realidad. Krugman –y en esto no está solo, pues notables expertos en la economía china comparten el criterio– señala al problema de credibilidad de las estadísticas oficiales del dragón asiático.

La RPC dedica apenas cerca de un 35% de su PIB al consumo (la mitad del porcentaje en EE.UU.), mientras que más del 50% va a la inversión, destaca Krugman. Pero no para ahí. Una de sus ideas principales es que la creciente brecha de ingresos –un inevitable resultado del desarrollo capitalista– y la desigual distribución de la riqueza en la sociedad china conspiran contra el logro del objetivo de convertir el consumo en la herramienta principal del crecimiento.

En cuanto al endeudamiento, Krugman compara la burbuja financiera de EE.UU. y la que se creó en China, y resalta las deficiencias legales y la poca transparencia que aún aquejan al sistema financiero chino, pese a importantes reformas.

De allí, no extraña que, conscientes del malestar de amplios sectores sociales por las expropiaciones de tierra, la corrupción de funcionarios y la ascendente brecha de ingresos, la nueva generación de líderes, encabezada por Xi Jinping y Li Keqiang, haya fijado como uno de sus objetivos mejorar la distribución de la riqueza.

“¿Colapsará China?”, pregunta Pettis. “Es improbable”, afirma, pues un colapso financiero conlleva el pánico de los ahorrantes sacando su dinero de los bancos. Los controles de capital se mantienen y el gobierno goza de credibilidad, dice.

Hay que esperar que las cosas no se salgan de control. En un mundo en zozobra económica, lo menos que se necesita es una debacle en China.

 

* Analista de asuntos Asia-Pacífico