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Debe interesar a muchos, sino a toda la sociedad nicaragüense, la más reciente obra del general retirado Humberto Ortega Saavedra (Juigalpa, Chontales, 10 de enero, 1947). Lanzada por Lea Grupo Editorial, su título es La Odisea por Nicaragua, y se divide en tres partes, constituyendo un manual histórico de la Nicaragua contemporánea, fiel a sus convicciones ideológicas.

En efecto, las dos primeras partes la integran ocho capítulos comprimidos, hasta más no poder, de sus libros Cincuenta años de lucha sandinista (1978) y La Epopeya de la Insurrección (2004), dos aportes fundamentales a nuestra historiografía. Si en el primero, de circulación clandestina desde 1976, analiza la estrategia bélica y política del sandinismo histórico y las subsiguientes etapas de descenso y ascenso revolucionarios, en el segundo conforma toda una relación pormenorizada del proceso que llevaría a la caída de la dictadura.

Como se sabe, Humberto fue durante ese proceso el artífice teórico y conductor de la insurrección triunfante, con lo cual se abre —desde su perspectiva— el ciclo “Revolución-Democracia” que vivimos desde hace treinticuatro años. Anteriormente, se dieron el ciclo del “Protectorado Norteamericano y la Resistencia Armada”, de 1909 a 1934, y el de la “Dictadura Militar y la Insurrección” entre 1934 y 1979, desarrollados en las dos primeras partes referidas.

En la tercera, que consta de quince capítulos, Humberto ofrece su registro y valoración personal de nuestro reciente acontecer: desde la década de los ochenta hasta lo que va de este año. Como en las dos precedentes, sorprende en esta tercera parte un gran poder de síntesis que facilita la lectura de todas las 234 páginas del libro. Se trata, pues, de un esfuerzo ejemplar que compendia múltiples hechos militares y políticos de dimensión nacional, regional e internacional.

Al respecto, véase este párrafo introductorio del ciclo “Revolución-Democracia” que expone enfatizando el concepto de Unidad Nacional. Porque “la pluralista Unidad de Pueblo —especifica— fue la que hizo posible el fin del somocismo y el arranque de la Revolución, que a su vez afirma, aun en medio de la nueva guerra, las bases de nuestro particular e irreversible proceso democrático. El trecho de 1977 a 1979 se caracteriza por la Unidad Plural política para derrocar al dictador. Entre 1980-81 se inicia la guerra de agresión norteamericana y se produce el resquebrajamiento de la alianza entre los sandinistas con la oposición burguesa antisomocista y con sectores líderes de la empresa privada. En el período 1982-88 continúa la guerra intensa de agresión extranjera y se inicia el proceso de Paz que culmina en 1990”.

Y agrega: “Desde entonces hasta el presente año de 2013 se viene forjando el proceso democrático en paz con dos pilares fundamentales logrados en la revolución: la Constitución Política y la institucionalización del Ejército y la Policía. Esto ocurre en permanente y polarizado conflicto político y sin un marco estratégico de Nación, lo que debilita la ley y la institucionalidad, y hace lenta y accidentada la forja de la democracia, y vencer la pobreza”.

Desde luego, como actor protagónico del pasado inmediato, Humberto no está exento de cierto matiz triunfalista o épico (de ahí el título de su libro) y de una lucidez justificatoria de sus acciones y las de su partido. Cabe señalar, además, que los dos últimos capítulos de La Odisea por Nicaragua (en los cuales cita a los pensadores Daniel Bell y Giovanni Sartori) no son sino verdaderos ensayos. Y que en ambos traza recomendaciones, “animado en mejorar Nicaragua para un futuro cercano mejor, y para todos”.

Sin descalificar a nadie, antes bien reconociendo a los adversarios locales (como “el coronel Pablo Emilio Salazar, brillante y valeroso jefe de las tropas GN en el istmo de Rivas”, p. 90), Humberto examina el contexto internacional y las coyunturas locales y realiza balances de las etapas estudiadas y sometidas a su fría lógica pragmática. Es imposible, naturalmente, que el lector pueda compartir todos sus asertos; pero bastan sus revelaciones desde la altura del poder para que su libro no deje de suscitar interés. Por todo ello, debe ser leído, especialmente por la clase política, en general reacia a la lectura y reñida con el conocimiento de nuestra historia.

 

* Escritor e historiador