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Con dificultad infinita podemos hacer turismo a países vecinos. Vaya, como está la situación económica, ni siquiera paseos locales. Por más que los disfracen de recorridos culturales de estudio. Sin embargo considerando la ineludible necesidad del ser humano de cambiar de aires, voy a invitarlos a viajes un poco más largos. Vivir no es necesario pero sí navegar.

Los lugares preferidos de mis anteriores excursiones, fueron los conjuntos esféricos de Perseo, la constelación de Carnero y la gran nube estelar en el núcleo de la Galaxia. La Vía Láctea. Al regresar a ellos encontré cambios sobre los cuales me es difícil escribir. Ya que no han sido para mejorar.

El desorden comienza apenas al salir. Pasando la puerta sin aduana de la ruptura de la gravedad terrestre, entramos al cinturón de asteroides que circula entre la Tierra y Marte. Lo novedoso es que la empresa intergaláctica tours les ha puesto luz eléctrica mercurial. Les encuentro parecido con los árboles de luces que adornan las rotondas de Managua. La gran vaina es que cada asteroide ha sido esculpido tuco a tuco, con iniciales y monogramas románticos.

El preferido por las parejas enamoradas es Eros. Tiembla bajo los impactos con los que diversos calígrafos ponen en su corteza un sinfín de dedicatorias. Exactamente como hacían en el pasado en los magueyes. Algunos oportunistas rentan martillos neumáticos y desarmadores electrónicos para estas vejaciones. Nadie puede encontrar una roca virginal en ese lugar que antes era el más salvaje de los paraísos. Por doquier asustan los letreros “en este meteorito sentimos amor infinito”, “He aquí el divino asteroide, testigo mudo de nuestra luna de miel”. “Aquí maduró nuestro amor”, y otros similares con corazones atravesados por flechas, de pésimo gusto.

Pero seguimos vuelo a Ceres, del cual gustan, no entiendo por qué, las familias de prole numerosa. Allí florece una verdadera plaga de fotomaníacos. Merodean los fotógrafos, quienes no solo rentan las escafandras especiales para los retratos, sino también cubren las rocas con una emulsión y por una cuota muy baja eternizan sobre ellas excursiones enteras, bañándolas con barniz. Las familias son colocadas en una pose adecuada. Padre, madre, abuelos, hijos. Todos sonríen en los rocosos precipicios. Todo lo cual al decir de la referida empresa, crea la “atmósfera familiar”.

Llegamos luego a lo que fue Juno. Ese pequeño y hace años hermoso planeta, ha dejado prácticamente de existir. Cualquiera que lo desee fracciona su corteza y arroja los pedazos al vacío. No perdonan ni a los meteoritos de hierro, que destinan a anillos o broches de recuerdo. A los cometas les cortan la radiante cabellera. Pocos aparecen de vez en cuando con la cola completa. Imagínense calvos como bolas de billar.

Creía que al salir del sistema solar podría huir del tráfico de los camiones y buses cósmicos y de los retratos familiares firmados con versos atorrantes, ¡pero qué va a ser! Neruda y Darío se revolverían en sus tumbas y de arrechos se volverían a morir.

En el observatorio UNAN, hace poco se quejaban sobre el debilitamiento de la luz que emanan las estrellas gemelas de Centauro. ¿Y cómo no va a atenuarse su luz si toda la zona está repleta de basura? Una chureca especial sin pepenadores.

Momento, no es mi intención desanimarlos. Si quieren turistear pueden acudir al observatorio UNAN y volar en alas de la imaginación. Todo por el mismo precio, sin IVA.

 

* Docente