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Según lo hasta hoy publicado por los medios, Edward Snowden no ha dicho ni hecho nada nuevo. “La Recámara Negra” fue el primer servicio criptográfico de Norteamérica, que de manera ingeniosa decodificó más de 10 mil mensajes de por lo menos 12 naciones, incluidas aquellos de enorme dificultad, como los códigos de la diplomacia japonesa. Además logró descifrar los mensajes de los delegados europeos a las conversaciones de desarme tras el fin de la Primera Guerra.

A pesar de todos estos logros, el Secretario de Estado Henry Stimpson influyó para su cierre tras enterarse que se había espiado a aliados; acto de enorme ingenuidad en política internacional, o mentira piadosa para los aliados y de desinformación para los adversarios. A esta estructura se le sustituyó en secreto por el Servicio de Inteligencia de Señales, que posteriormente se convertiría en la NSA, especializada en la labor de cifrado de sus comunicaciones y descifrado (captura e interpretación de comunicación secreta) de aliados y adversarios.

Snowden ha puesto simplemente en relieve la vieja y común práctica del espionaje en las relaciones internacionales, en una modalidad muy técnica y sofisticada. Tampoco es nuevo que los gobiernos espíen a sus ciudadanos en aquellos países donde existen los servicios secretos, aun en los supuestos regímenes democráticos. Lo interesante de este caso es definir el porqué de la dimensión que ha alcanzado, principalmente en materia de las relaciones Rusia-EE.UU., y cómo se ha trasladado a la periferia; lo que me obliga a compararlo con situaciones similares en la historia de las relaciones entre estos países y su efecto sistémico.

Snowden, un técnico subcontratado por la NSA, recuerda el caso de Igor Sergeyevich Gouzenko, un oficial de cifrado del servicio de inteligencia soviética en la embajada de la URSS en Ottawa, que desertó el 5 de septiembre de 1945, con 109 documentos sobre actividades de espionaje que los soviéticos llevaban a cabo en Occidente durante la Segunda Guerra. Producto de estas revelaciones, las relaciones entre estos dos países dieron un giro, que posteriormente definiría la Guerra Fría, donde el peligro de una confrontación nuclear sería el tema central.

Snowden ha hecho que de igual manera los aliados de EE.UU., como Francia, Alemania y hasta Costa Rica, protesten abiertamente de diferentes formas. Aun así, países europeos aliados (los cuales están seguros que son vigilados vía intercepción de sus comunicaciones) se alinearon en un error al impedirle al presidente Evo Morales aterrizar de tránsito durante su retorno a Bolivia, poniendo en peligro su vida y violentando las normas básicas de Derecho Internacional en sus relaciones diplomáticas.

En Latinoamérica la reacción no se hizo esperar, acentuando el repudio a tal actitud. Además, ya un grupo de países habían expresado cierto grado de simpatía por la actitud de Snowden de develar la práctica de espionaje norteamericano en el plano interno y global, hasta el punto de contemplar la posibilidad del otorgamiento de asilo político; lo que provocó la amenaza abierta de EE.UU. hacia esos países, incluyendo a la Federación Rusa.

Lo anterior sin duda devela variables de alianzas definidas en el sistema internacional actual, que facilitan su interpretación. Desde hace ya una década, las noticias internacionales abordan nuevos temas en la dinámica de la confrontación internacional, como la utilización de drones dirigidos a larga distancia, soldados robots, ataques cibernéticos de hackers expertos con ataques masivos con todo tipo de virus; el fenómeno wikileaks y el control sobre los correos electrónicos y las redes sociales y todo tipo de comunicación digital para controlar los servidores y a sus usuarios desde el teléfono hasta su PC.

Importante es concluir que la dimensión del caso Snowden está contribuyendo a definir el proceso de evolución de la política global, como en su tiempo se hiciera con Igor Guzenko al oficializar la Guerra Fría. Ahora estamos ante una Guerra Cibernética, donde el juego del espionaje sigue siendo el mismo, pero es tan peligrosa como la Guerra Nuclear misma.

 

* Msc. Presidente Ejecutivo. Centro Regional de Estudios Internacionales, CREI