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“Lámpara es a mis pies tu palabra, y lumbrera a mi camino (Salmo 119: 105). Me refiero a los mensajes recibidos de católicos en relación con mis mensajes sobre la virgen María. Mensajes que no abordan con argumentos bíblicos el fondo de mis artículos, sino con ofensas, otros que mantienen la posición oficial de la Iglesia católica de que el papa y los obispos pueden interpretar las escrituras en forma exclusiva y de aquellos que no creen en nada, que leen bastante, pero que el Espíritu Santo no los ha tocado, al extremo de decir que nadie ha experimentado a Cristo; exceptuando mensajes de un sacerdote católico exponiendo su punto de vista con una amabilidad, cortesía, dulzura y muy pastoralmente, y es alguien descendiente de bautistas.

Los bautistas nos caracterizamos por ocho principios fundamentados en el Nuevo Testamento, interpretado bajo la dirección del Espíritu Santo, y es la “tradición” definitiva de los bautistas, siendo el primero “El Señorío de Jesucristo”, fundamental, sobre el cual giran todos los demás principios.

Los bautistas dependeremos de la fidelidad a este principio, el cual implica absoluta sujeción y sumisión del creyente y de la iglesia. Por espacio me referiré al principio número dos: “La Biblia es la única y suprema regla de fe y práctica”. Por supuesto no hay ningún versículo que lo diga textualmente. Sin embargo, creemos y afirmamos que la Santa Biblia es la Palabra de Dios, y por ella los hombres serán juzgados. Esto no significa caer en la bibliolatría o culto a la Biblia (latría significa adoración). Consideramos el Nuevo Testamento como una fuente histórica, normativa y divina; y no un manual eclesiástico.

Este principio es bautista porque primeramente fue apostólico. Nos consideramos “biblicistas” (no belicistas) porque nos aferramos a la Biblia como la única norma de fe y práctica. Este principio está hoy más vigente que nunca debido a los errores doctrinales que impera en el mundo católico e inclusive evangélico. Los bautistas no tenemos un líder fundador como los mormones o testigos de Jehová, y nada ni nadie está por encima de nuestro Señor Jesucristo y de la santa Biblia.

Declaramos con autoridad bíblica que Jesucristo es la cabeza de la iglesia. No colocamos al mismo nivel de las Escrituras las tradiciones humanas, mucho menos libro o escritos de alguien en particular, sino que hemos hecho de toda la Biblia y en especial del N.T. nuestro “credo” exclusivo.

Leer la Biblia es bueno, estudiarla es mejor, pero practicarla es excelente. “Por lo cual, desechando toda inmundicia y abundancia de malicia, recibid con mansedumbre la palabra implantada, la cual puede salvar vuestras almas. Pero sed hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores, engañándoos a vosotros mismos.  Porque si alguno es oidor de la palabra, pero no hacedor de ella, este es semejante al hombre que considera en un espejo su rostro natural (Santiago 1:21-23).

La estudiamos no solo para conocerla, sino sobre todo para obedecerla; pues ese es el auténtico fin de la tarea exegética y hermenéutica. Hay dos dichos en los católicos y bautistas: “los bautistas son a los evangélicos, lo que los jesuitas son a los católicos”. Expresando de este modo el celo y erudición bíblico de los bautistas”. “Los bautistas hablamos donde la Biblia habla y callamos donde la Biblia calla”. Sin embargo, lo más importante es la salvación para todos los hombres, y que esta solo se obtiene a través de JESUCRISTO y él es el único intermediario entre Dios y los hombres. Escudriñad las Escrituras; porque a vosotros os parece que en ellas tenéis la vida eterna; y ellas son las que dan testimonio de mí…” (Juan 5:39)

 

* Laico bautista

ocalero@gmail.com