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La Presidenta de Costa Rica y su Canciller; el expresidente de Colombia Ernesto Samper, la Canciller y algunos funcionarios de dicho país, cada vez que se sienten impotentes ante los logros jurídicos de Nicaragua en el plano internacional utilizan la frase de “malos vecinos” para referirse a nuestro país y nuestros conciudadanos. Botellita de jerez, a como solía responder el chavo a impertinencias de la Chilindrina o Quico.

Y es que realmente a Costa Rica y a Colombia todo le cae al revés, de manera constante, principalmente el país del sur está chismosamente atento a todo lo que Nicaragua realice, todo le inquieta o molesta; el dragado, el aeropuerto en San Juan de Nicaragua, el canal, la exploración petrolera, la adquisición de medios navales para cuidar las fronteras marítimas, los logros económicos, el turismo, etc., etc.

Nuestro vecino tico eternamente ha envidiado la geografía y los recursos naturales de Nicaragua, propiciaron la secesión de Nicoya y Guanacaste, han codiciado el Río San Juan –donde quisieron navegar armados con sus policías sobre nuestras aguas- el lago Cocibolca e incluso la ciudad de Granada y Rivas, pero son incapaces de reconocer que mientras no recobremos la plena posesión de todos nuestros “…derechos en el Puerto de San Juan del Norte, la Punta de Castilla será de uso y posesión enteramente común e igual para Costa Rica y Nicaragua, marcándose para entre tanto dure esta comunidad, como límite de ella, todo el trayectorio del Río Colorado”, según el artículo V del Tratado de 1858.

Vagón de cola de Colombia en el reciente diferendo, pidió a la Corte intervenir para pescar “en río revuelto” y cuando la Corte restituyó derechos a Nicaragua sobre sus espacios marítimos corrió a decir que también tenía derechos sobre esas aguas, ahora nicaragüenses en virtud de la sentencia del alto tribunal de la ONU. Unilateralmente movió sus cercas sobre el océano Pacífico y Mar Caribe afectando espacios nicaragüenses y como buen usurpador de propiedad ajena ni con agrimensura está dispuesta a salir; hablan de que queremos adueñarnos de la bahía de San Juan del Norte, desaparecida por el paso del tiempo y porque las aguas nicaragüenses que la alimentaban se las robaron a través del río Colorado, pero se quedan calladitos respecto a la bahía de Salinas e isla Bolaños, también nuestras.

Colombia por su parte se ha embravuconado con no reconocer el fallo de la Corte Internacional de Justicia (CIJ). Se hacen gato bravo con lo que no les pertenece, a base de fragatas quiere mantenerse en las aguas restituidas por el tribunal internacional, violando el derecho internacional y el régimen de derecho existente en nuestra zona económica exclusiva, al dar cobertura a embarcaciones industriales que sin permisos nicaragüenses de explotación pesquera se roban nuestros recursos.

Van a foros internacionales berreando porque el fallo del 19 de noviembre de 2012 de la CIJ supuestamente los afectó -y cómo que no, si les dijo que se estaban apropiando de áreas marítimas que no les pertenecían-, cabildean con países vecinos tradicionales (Honduras) y con los nuevos después del fallo (Panamá y Jamaica) para que desconozcan el fallo y enemistarlos con Nicaragua.

Lloriquean por la supuesta intención de Nicaragua, inexistentes además, de afectar –otorgando concesiones de exploración petrolera- una reserva que establecieron en territorios marítimos que no les pertenecían, pero que aun así el Presidente de Nicaragua se comprometió a respetar.

Los problemas que ha tenido Nicaragua, han sido precisamente por los intereses expansionistas de los vecinos regionales y de las potencias extrarregionales. Es Nicaragua quien se ha cruzado con vecinos molestos, tan difíciles que ni el diálogo quieren acoger, no hay formas de sentarse a conversar; pequeños inconvenientes, como mapas desactualizados de antes de la sentencia de la Corte, son aprovechados para emberrincharse en el vecindario amenazando con llevarnos a Corte si sus caprichos no son cumplidos.

A Nicaragua no le resulta difícil lidiar con estos malos vecinos, teniendo en cuenta todo lo que ha tenido que sufrir para llegar a donde está y hacia dónde se dirige, y estoy seguro que podemos convivir con ambos, es más estamos siempre abiertos al diálogo para buscar soluciones más efectivas. Recordemos que existen coincidencias y no debemos juzgar las intenciones de los demás ni inventarlas, hablando es como se entiende la gente y se aclara cantidad de problemas. Y a propósito de que dicen que somos expertos en el campo jurídico-diplomático les recuerdo que vale más un mal arreglo que un buen pleito.

 

* Licenciado en Derecho