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Otro argüido con el que se ataca la construcción del Gran Canal de Nicaragua es el daño ecológico que, presuntamente, sufrirá el Gran Lago de Nicaragua, una masa de agua dulce de unos 8 mil kilómetros cuadrados, considerada una reserva, quizá la más grande de Centroamérica y de América Latina. Se arguye que el canal causará un daño irreparable al manto acuífero y la fauna, por lo que se pronostica la inminente desaparición del lago. Los ecologistas vaticinan que en pocos años se dará la desertización del país.

El Gran Lago de Nicaragua, en el tiempo es un recurso parasitario, es un lujo, sin explotación alguna; no hay beneficios tangibles; ha sido una vía de transporte acuático, comunica a los departamentos de Granada, Río San Juan, Chontales, Isla de Ometepe; los ribereños lo utilizan para la pesca artesanal; las aguas del lago jamás han sido usadas para consumo humano o para construir un sistema de riego para fomentar e incrementar la agricultura; en otras palabras, el lago no es más que un adorno bonito, mas no para dar beneficios coadyuvantes a fortalecer la economía nacional.

Desde que los españoles llegaron a nuestras tierras en el siglo XVI, cuando navegaron por el Río San Juan, hasta descubrir el lago de Nicaragua, al cual bautizaron como “Mar Dulce”, fue que brotó la fantástica idea de construir el Gran Canal, en función de unir el Atlántico y Pacífico, usando como vía las aguas del Cocibolca. El proyecto se fue postergando en el tiempo, pero la idea se fue trasmitiendo de generación en generación; nadie renunció al sueño, ni los presidentes Frutos Chamorro, José Santos Zelaya, ni el legendario guerrillero Augusto C. Sandino; todos mantuvieron las esperanzas de que algún día el pueblo tuviera para sí el Gran Canal de Nicaragua.

Los ecologistas han reconocido que en los últimos 60 años, Nicaragua, por el despale indiscriminado, ha perdido decenas de miles de hectáreas de bosques; por el avance destructible de la frontera agrícola; la prueba más palpable de despale es la reserva natural de la biosfera de Bosawás; por ello muchos ríos han desaparecido. Aun el lago Cocibolca ha venido perdiendo volumen; el Estado se ha mostrado incapaz e impotente para hacer frente a los daños al ecosistema y por consiguiente a la contaminación al medio ambiente.

Si nuestro país no tuviera el lago Cocibolca, a nadie se le hubiera ocurrido desde tiempos remotos construir el Gran Canal, justamente por el potencial de agua que tiene la nación; es por lo que desde hace varios siglos se viene insistiendo en la importancia de una vía nueva interoceánica.

El fundamento, la raíz, la razón de ser del proyecto es precisamente el Gran lago de Nicaragua. De no tener la nación el manto acuífero, nadie se interesaría en promover el megaproyecto. Por ende, una de las prioridades básicas de la concesionaria del Gran Canal es no solo llevar a ejecución los Subproyectos, sino la de preservar y aumentar el cohorte de masa de agua del lago. Aun se piensa evitar que las aguas del Río San Juan se pierdan en el Atlántico; para ello habrá una inversión millonaria para reforestar miles de hectáreas de tierra sembrando millones de árboles en los alrededores del Cocibolca.

Ha sido la pobreza la causa fundamental que ha provocado un ingente daño al medio ambiente. Solo saliendo de la postración económica es que se obtendrán los recursos para detener los daños al medio ambiente, y así afinar los mecanismos de protección de lo poco que nos queda de flora y fauna; aun con posibilidad de recuperar aquellas áreas de bosques y ríos que desaparecieron en las últimas seis décadas por la mano destructora del hombre.

Aun sin el Gran Canal de Nicaragua, el daño ecológico al país ha sido ostensible; la diferencia del ayer con el mañana es que, el megaproyecto, aunque se vea ilógico, será la alternativa para salvar el lago y nuestro medio ambiente.

 

* Abogado y notario