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En los últimos días todos los medios de comunicación social, nacionales como internacionales, han estado dando un seguimiento puntual a la profunda e histórica crisis económica que actualmente atraviesa la mayor potencia del mundo capitalista, Estados Unidos de Norteamérica. La semana pasada Wall Street, la mayor bolsa de valores del mundo, tuvo un desplome, pues el punto referencial de un solo golpe perdió 17 puntos, con lo cual arrastró el resto bolsas de valores en países en Europa, América Latina y resto del mundo que se mueven esencialmente al ritmo de una economía capitalista.

Pese a que el Congreso norteamericano aprobó un paquete de ayuda de más 700 mil millones de dólares para enfrentar la crisis y calmar los mercados, la verdad es que la medida resultó insuficiente e ineficaz, ya que aún con el salvataje la situación no da visos de ser controlada, muy por el contrario, la economía estadounidense muestra signos visibles de encontrarse profundamente enferma, sin que se pueda vaticinar a corto y mediano plazo cuáles serán los efectos y las consecuencias que tendrá el fenómeno en el resto del mundo.

A lo interno de los EU, los efectos de la crisis ya se sienten: grandes e importantes bancos comerciales e hipotecarios están declarándose en quiebra, empresas de seguro están teniendo fuertes pérdidas, muchas fábricas están cerrando, el desempleo está creciendo, hay una vorágine alcista en los productos de consumo. En particular los países de América Latina, se verán seriamente afectados, en primer lugar, porque las remesas de dólares ineluctablemente caerán; no se descarta que la potencia económica disminuya sustantivamente sus importaciones. Los candidatos a la Presidencia de los Estados Unidos, Barak Obama y John McCain, ya están hablando de revisar los tratados de libre comercio firmados con algunos países de América Latina. En fin, el panorama no es nada alentador para las economías de países subdesarrollados.

Los analistas han expresado que esta crisis financiera que vive el sistema capitalista es peor y más profunda que la crisis económica de los años 30 del siglo XX. Esa crisis generó y agudizó las contradicciones de lucha de clases en la mayoría de los países, pues sólo en Estados Unidos el desempleo alcanzó más de 10 millones de trabajadores. El fenómeno sirvió de caldo de cultivo para que surgieran en varios países dictaduras de extrema derecha, con lo cual se reprimió a los movimientos sociales. Esta situación fue la base para que se desarrollaran conflictos armados en Asia y Europa que desembocaron en la Segunda Guerra Mundial, la cual dejó a la humanidad graves secuelas en pérdidas materiales y humanas de no muy grata recordación.

La crisis financiera norteamericana tiene varios factores de incidencia. El primer elemento que prendió fuego a la mecha fue cuando el irresponsable Presidente de Estados Unidos, George W. Bush, decide en el año 2003, contra viento y marea, aun contra el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, invadir Irak, so pretexto que Sadam Hussein tenía armas de destrucción masiva, lo que al final se demostró que todo fue una vil mentira. Mantener un Ejército de ocupación de 200 mil soldados, a la economía norteamericana le cuesta la bicoca de 10 mil millones de dólares mensual; luego aparece la crisis del petróleo, que tiene su causa en la actividad especulativa bursátil de Wall Street, razón por la cual el barril de petróleo llegó casi a los 150 dólares, precio que jamás había visto en la historia. Seguidamente aparece la crisis alimentaria. Ésta dio paso a la crisis hipotecaria, para finalmente desembocar en la actual crisis financiera.

Los acólitos y apologistas del capitalismo, débil y superficialmente, intentan explicar la crisis económica mundial, vanamente abordan el tema, sin profundizar en las causas fundamentales, por lo que sistema de economía de mercado cíclicamente entra en crisis. Para ellos esta crisis es normal y natural, plantean que no hay por qué alarmarse tanto, dicen que al final Estados Unidos superará el problema, como lo hizo con otras crisis.

Ciertamente la crisis del sistema capitalista será superada, pero la pregunta obligada es: ¿cuáles serán los costos sociales y económicos que tendrán que pagar los países más pobres del mundo? ¿Qué pasará en los países subdesarrollados cuando los gobiernos se vean obligados a restringir el gasto social en salud, educación, aumente el desempleo y se incremente el hambre? Lo más probable es que se produzcan levantamientos sociales, se producirá represión contra la clase trabajadora, quizá se quiera implantar dictaduras de extrema derecha. En otras palabras, la historia se repetirá, como lo que ocurrió en el mundo tras la crisis de 1929, aunque no se sabe si surjan conflictos bélicos similares como los acontecidos durante la Segunda Guerra
Mundial.

La actual situación económica por la que atraviesa el mundo capitalista demuestra una vez más, que el modo de producción de libre mercado está llegando a su fase terminal. El sistema capitalista está gravemente herido. Definitivamente ese modelo de producción ya dio todo lo que tenía que dar. La prédica de los apologista del capital, de que la solución de los problemas del hombre y la sociedad descansa en el libre mercado, se está quedando sin seguidores. Esto es una burda retórica: cómo se explica que el sistema de manera periódica entra en una crisis, sale de ella para entrar en otra y así sucesivamente, sin que se descarte la posibilidad de que las contradicciones desencadenen guerras fratricidas con millones de víctimas en todo el mundo.

La crisis del capitalismo está demostrado una vez más que los medios de producción en manos privadas, sin ningún control parte del Estado, es el germen del egoísmo que beneficia a unos pocos, que se conducen bajo el principio de la ganancia y la plusvalía. Este sistema lleva en sus entrañas su propio sepulturero, que al final lo conducirá al cementerio de la historia donde será enterrado.

Valga aclarar que la humanidad no está metida en un callejón sin salida, existen otras opciones, pueden resolver la situación de crisis cíclicas. Un ejemplo de sustitución del modelo de producción se encuentra en la China, llamada comunista. En este país existe una combinación de modo de producción socialista y capitalista, pero la parte predominante y hegemónica es la socialista.

En el modelo chino, donde viven un mil 300 millones de personas, casi un tercio de la población mundial, los medios de producción se encuentran en manos del Estado; los privados tienen medios de producción, pero estos están regulados y controlados por el Estado, de manera tal que el gigante asiático tiene más de treinta años de estar bajo un flujo de crecimiento económico entre 8 y 10 por ciento anual, sin que en economía se produzcan los terribles traumas económicos por los que con tanta frecuencia atraviesa el modelo capitalista.

Considero que los versados en economía deberían, sin prejuicios ideológicos, dedicar más tiempo para analizar el fenómeno económico del llamado tigre asiático, con el propósito de recabar las experiencias más aleccionadoras, para una correcta aplicación al modelo de producción capitalista, el cual no es tan malo, pero que en definitiva no es ni ha sido la solución de los problemas de los pueblos que se encuentran bajo el influjo de la órbita del hemisferio occidental.


(*) El autor es abogado y notario.