Jorge Eduardo Arellano
  •  |
  •  |
  • END

En uno de los casos más dramáticos de violencia doméstica e intrafamiliar, uno de esos casos que jamás llegan a las páginas de los principales medios de comunicación del país: un hombre del campo asesinó a machetazos a su esposa, mientras ella se dirigía al río a lavar ropa. Después que la Policía capturó al criminal, durante las investigaciones y el proceso judicial que se le siguió, el tipo declaró como el principal motivo del asesinato que su esposa “era muy retobada”. El hecho ocurrió en las afueras de Pueblo Nuevo, Estelí, a inicios de los 90 (quien desee comprobar o buscar más detalles, puede consultar los archivos del Juzgado de esa localidad), y me ha venido a la memoria al leer las noticias sobre la violencia con que se allanaron las oficinas del MAM y de Cinco, y la amenaza que pende contra otras tantas ONGs.

¿Cuál es el delito? ¿Por qué se les persigue, acosa, violenta? ¿De qué se les acusa? Leyendo los medios progobiernistas la respuesta más clara que uno puede tener, a la conclusión que se llega es: “criticar al gobierno”. Ése es su crimen. Se ha convertido delito ahora hacer señalamientos críticos. Cualquier representante gubernamental, el fiscal acusador, podría decir: “es que son muy retobadas”. Y sí, tendría razón: las ONG han sido muy retobadas, tercas, respondonas, se atreven a pensar, critican… actúan. Por eso hay que castigarlas. Pero como no se puede (no tanto que no se quiera) acabarlas a machetazos, se busca entonces destrozarlas con leguleyadas, se instrumentaliza al Ministerio Público, al Poder Judicial, a la Policía (pobrecita la Policía como institución y los/las policías como seres humanos, por ser utilizados de esa manera).

Eso es lo que estamos atestiguando ahora. Hemos pasado del golpe en el ojo (la famosa “sopa de muñeca”) en el interior del hogar; de los empujones, los gritos, las haladas de pelo y los fajazos en la intimidad del cuarto matrimonial; a la violencia contra las organizaciones defensoras de los derechos de las mujeres a plena luz del día, públicamente, utilizando los instrumentos del Estado a la mano. ¿Era eso un objetivo de la revolución sandinista? ¿Significa la segunda etapa o fase de la revolución amordazamiento, criminalización del feminismo? ¿Es eso de izquierda? ¿Significa eso ser de izquierda? Las acciones gubernamentales parecieran indicarlo así.

Por fortuna, cada vez son más numerosas y más fuertes las voces en el mundo que rechazan toda violencia contra las mujeres. Las primeras fueron precisamente de las propias mujeres. A ellas poco a poco se han ido sumando, cada vez más, voces de muchos hombres. De la misma manera así se levantarán --ya lo están haciendo-- muchas voces para rechazar la violencia institucional de este gobierno en contra de las mujeres, sus organizaciones y otras ONGs. Porque esa violencia institucional merece la misma repulsa que la violencia doméstica e intrafamiliar.


j_amador@ymail.com