Jorge Eduardo Arellano
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Recién ha pasado la semana de la Patria, en que celebramos nuestra Fiesta Nacional de septiembre. En un hermoso discurso pronunciado el 15 de septiembre de 1886, señalaba mi bisabuelo, el Dr. Tomás Ayón, que “las naciones lo mismo que los individuos, tienen días de felicidad en que se les anticipa un rayo de la suprema dicha, un celestial destello tras noches tormentosas, que les inspira dulcísimos fruiciones; un soplo de vida en que el hombre elevando el pensamiento hasta el cielo, adquiere la conciencia de su inmortalidad”… Con estas palabras empezaba su expresión sobre la Independencia de Nicaragua en aquella fecha.

En estas líneas tomadas de mi antepasado, de una manera sublime se define en cierto modo lo que conocemos como “Amor a la Patria”, “Patriotismo” o como le queramos llamar a ese placer intenso que a muchos nos embarga, al punto de llegar hasta la entrega de nuestra vida por defenderla.

Como hombre profesional del derecho y ciudadano nicaragüense, orgulloso de sus raíces, creo que nuestra Policía Nacional ha tenido un desliz que picó en La Paz Centro (14 de septiembre), extendiéndose al día siguiente a Managua y luego a León (27 de septiembre), abriendo grietas que muy dolorosamente pueden producir en el futuro un distanciamiento --no deseado-- entre el ciudadano común y los representantes de esa institución.

Me parece que una encuesta colocaba al Ejército, la Policía Nacional y el Ministerio Público como instituciones confiables. Por esa misma razón, las opiniones de los señores Fernando Caldera y René Vivas deben de ser tomadas con mucho aprecio y consideración. Estos ex directores y comisionados generales en el ejercicio de sus cargos, fueron ejemplo de caballerosidad y obediencia a la Constitución.

Felicito públicamente al Dr. Fernando Caldera, extensivo al Dr. René Vivas, quienes además de ser ex comisionados, ex directores generales de la Policía, son abogados, y como tales han expresado su acertada opinión al respecto del respeto que debe tenerse por ese cuerpo colegiado castrense. No deben dar un paso atrás, amigos de la Policía y el Ejército. Recuerden lo difícil que fue separar el deber de la devoción. Y ustedes tienen un deber sagrado con la Patria: los hombres pasan, las instituciones quedan.

Por lo anterior, es de suma importancia que la Policía Nacional, y el Ejército de Nicaragua no deben ser manoseadas por nadie, porque para su funcionalidad existen precisamente una ley creadora y el Código Militar. Por tanto, ese fuero especial debe ser respetado por la autoridad civil.


acastell46@yahoo.com