•   Managua, Nicaragua  |
  •  |
  •  |
  • elnuevodiario.com.ni

En cierta ocasión, Cristo dijo a los judíos: “si vosotros permaneciereis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos, y conoceréis la verdad y la verdad os hará libres.” ¿De qué verdad habló Cristo? En su contexto bíblico, este versículo conmina a sus discípulos a despojarse de la esclavitud del pecado.

La Biblia nos enseña que Dios olvida los pecados por completo si nos arrepentimos porque Cristo redimió nuestras faltas en la cruz, sin embargo, el catecismo católico señala que aunque el pecado se confiesa y es perdonado, el castigo temporal según la cantidad de los pecados no desaparece. ¿Un sacerdote puede absolver los pecados? Según el catecismo si lo puede hacer actuando un juez… la contradicción aparece en Marcos 2:7 con la siguiente frase: “Solo Dios puede perdonar los pecados.”

Esto descarta que las prerrogativas especiales declaradas por la Iglesia católica ayuden al pecador acortando el “tiempo de purgatorio” a un difunto por un familiar que realice un viaje de peregrinación declarado por la iglesia a cierto destino, como Cuapa o la basílica de Guadalupe. Ya Jesús salvó a los que creen en Él por su sangre sin necesidad de dogmas eclesiásticos adicionales. Pese a esto, el catolicismo romano insiste en que la Iglesia católica es imprescindible como intermediaria de la salvación.

¿Es María intercesora en la obra salvadora de Cristo? Millones de feligreses católicos rezan con fervor a la virgen María creyéndola una intercesora que media a favor de ellos ante el Padre. Su base doctrinal reposa en el catecismo, página 281, No 969: “la Santísima Virgen es invocada en la Iglesia con los títulos de Abogada, Auxiliadora, Socorro, Mediadora.” ¿Cumple ella esos oficios?

No, en lo absoluto. Son creencias tradicionales provenientes de dogmas mariológicos refutados por la misma Biblia que empezaron a cobrar importancia tres siglos después del periodo de Cristo cuando el emperador Constantino cesó la persecución contra la Iglesia y la apoyó. Miles de personas no conversas espiritualmente se bautizaron y fueron acogidas como miembros. Su fervor religioso se transfirió en idolatría a María y los santos. Existía por parte de innumerables devotos la tendencia sincrética de identificar a la virgen con diosas paganas exaltándola a los cielos. De hecho, la ascensión celestial de María solo es descrita –no aceptado por el canon bíblico eclesiástico—en un documento apócrifo del siglo V.

Lo cierto es que la Biblia en la primera carta de Juan 2:1 rechaza esta doctrina católica al declarar que: “si alguno hubiere pecado, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo.” Este desacuerdo persiste ya que María nunca es mencionada en la Palabra de Dios como auxiliadora sobrenatural. Si podemos leer con certeza en Hebreos 13:6 lo siguiente: “El Señor es mi ayudador, no temeré lo que me pueda hacer el hombre.” En el salmo 121 la interrogante de dónde vendrá nuestro socorro se le atribuye con claridad a un solo Ser: Dios.

Incluso, teólogos eminentes de la Edad Media como Bernardo de Clairvaux, Tomás de Aquino y Pedro Lombardo rechazaron estos conceptos porque esta doctrina es opuesta a las verdades bíblicas de la universalidad del pecado y la necesidad de que toda la gente se salva ratificada en Romanos 3:23-24. Aquino razonaba que cuando María mostró regocijo “en Dios mi Salvador” en (Lucas 1:47) admitió que había pecado o era pecaminosa. De otro modo ¿Habría necesitado de un Salvador? Entonces ¿por qué ese menosprecio a Jesús despojándolo de lo que la Biblia le atribuye para adjudicárselo a María? ¿Corredentora?

Pese a que en el Segundo Concilio de Nicea –787 d.C.– el catolicismo romano intentó separar el término “adorar” de “venerar”, en la práctica se observa escasa diferencia entre ambos cultos. El ofrecer culto a cualquier ser, salvo al Dios eterno, es idolatría. En honor a la verdad, María fue bendecida como un modelo femenino de fe y obediencia a quien le correspondió el privilegio de ser la madre de nuestro único salvador: Jesucristo.

 

*Médico cirujano