Jorge Eduardo Arellano
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A través de los siglos, pueblos enteros alrededor del mundo parten del valor auténtico de los sucesos acontecidos y del acopio de sus reminiscencias fidedignas para sellar las páginas de su historia, buscando transmitir a las futuras generaciones la importancia que marcaron tales hechos y la influencia de estos en la formación y consolidación de las sociedades, partiendo de un compendio veraz y convincente que permita legar una identidad real y auténtica a las mismas.

¿Qué celebramos el pasado 12 de octubre? Celebramos una fecha memorablemente tergiversada. No es posible que aun hoy en día siga pretendiéndose hacer creer que dicha efeméride tenga carácter de célebre trascendencia, cuando es más que sabido por todos y cada uno de nosotros, de la atroz barbarie cometida en perjuicio de nuestros ascendentes, convirtiéndose éste en uno de los genocidios impunes más grandes y perpetuados de la historicidad humana, a la cual han disfrazado con los nombres de ‘Día de la Raza’, de ‘Encuentro de las culturas’, del ‘Descubrimiento de América’ y un sin fin de mentiras que en principio de la verdad es inadmisible prolongar.

No es posible legar mentiras a nuestra descendencia, nunca hubo descubrimiento, pero nos sobró conquista y colonización, amparados bajo el escudo protector de la inmisericordia; llegaron los sórdidos foráneos a lomo de bestias, prendiendo fuego y aniquilando nuestra historia, imponiendo a toda costa otra religión, otra cultura, un mundo que no nos pertenecía, iniciando así la perpetua esclavización, opresión y explotación de aquel entonces por parte de los colonizadores, hoy por parte del ‘Primer Mundo’.

Por tal, es un completo absurdo transmitir el vil pensamiento de una corriente de muerte, saqueo y destrucción; es totalmente repudiable pensar que tal suceso pueda ser objeto de festejo; me es incongruente que años de impíos vejámenes heredados de los padres de la animadversión y la egolatría, aquellos Cortez, aquellos Pizarro, hoy nos tengan sumidos en la indigencia y en la desgracia de pueblos enteros que siguen atosigados bajo el zapato y la dependencia del egocentrismo de súper potencias de naciones, y el legado caudillezco heredado a través de los siglos de una peculiar forma de distribución de poder con el cual pretenden seguir prevaleciendo.

Ese día puede ser sin duda alguna un merecido homenaje a todos aquellos nativos hombres, mujeres, niños y ancianos que cayeron defendiendo sus derechos, a su tierra, al amor por su pueblo, a lo que les pertenecía, a quienes por más de 500 años callaron y hoy sus hijos creemos firmemente en la tarea y el compromiso por recuperar esa identidad, la verdad que nos arrebataron. Es nuestro deber devolverle a las nuevas generaciones la verdad que por siglos nos han falseado.

Es a Nicaragua, Centroamérica, Suramérica y el Caribe entero a quien debemos festejar, a la inspiración y el orgullo de ser hermanos darianos, morazánicos, bolivarianos, por el siempre digno ejemplo de nuestras bellas mujeres, por el respeto a nuestros queridos ancianos, por las manos laboriosas de nuestros valientes hombres y por la alegría ferviente de nuestros amados hijos.

Hasta la Tierra del Fuego se vislumbra el albor de la esperanza. Ya algunos pueblos hemos empezado a dar el giro… ¡Feliz Día de la Hermandad Latinoamericana!

Mario A. Cruz Apéstegui.

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E-mail: correodemariocruz@gmail.com
Estudiante de la Facultad de Diplomacia & RRII de la Universidad Americana (UAM)
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