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Hoy en día las motocicletas están de moda, al punto que no poder conducir este extraño vehículo de dos ruedas es sinónimo de discapacidad. Es tan importante para realizar la mayor parte de las labores que requieren de rapidez, como también es una manera de lucirse modernamente.

Para muchos el motociclismo es la suprema expresión de la libertad, aunque conducir moto es más peligroso que conducir automóvil o andar. Libertad es viajar en moto y es mejor sin casco para respirar el aire fresco, acelerando el motor a la máxima velocidad.

Para eso se usa la moto, para experimentar libertad haciendo el recorrido en menos tiempo que una persona a pie, y siendo campeón de 400 metros lisos se vive más, se envejece menos y se llega pronto al lado del ser amado, si no es que desea escapar del estrés.

Conducir a alta velocidad no perjudica al motorista, aunque hay quienes piensan que se puede matar. Y puede perjudicar si atropella a otros, pero el motorista está persuadido de que nadie se le va a poner adelante para que lo mate. La moto se convierte en parte integral de su cuerpo, así como los lentes de contacto. El motorista es la moto y la moto el motorista.

El instinto determinado por el desarrollo filogenético es su natural impulso de frenar o acelerar con todos los miembros del cuerpo y experimentar la agradable satisfacción de existir en una época en donde la rapidez obtenida por el petróleo, es una necesidad exacta a la prisa de un niño por jugar.

Ir en moto nos hace diferenciar de muchas personas que adolecen de discapacidad motora, aunque una persona a la que le falte un ojo puede ser mejor conductor que un deficiente mental. Y la libertad es impedida si se regula la velocidad y se exige el casco protector. En este caso el motorista es menos libre políticamente porque se le castiga por exceso de velocidad, aunque no haya atropellado a nadie.

La moto que inventó Gottlieb Daimler y Wilhelm Maybach en 1885, es posible que sea para cierto tipo de personas… y no para la mayoría. Para aquellas condiciones como el personaje que hace Nicolas Cage en Ghost Rider: El Motorista Fantástico. Ahora el cine es capaz de simular la velocidad que causa daño a la humanidad al grado de que la Tierra pasa por sismos continuos.

Muchos quieren conducir moto, es su ilusión. La madre transmite esa necesidad a sus hijos desde que están en su matriz. Se nace ignorante del peligro y no se aprende de los reportajes en la TV acerca de los muertos por accidente de motocicleta. James Cameron bien puede dirigir con su cámara de efectos especiales, que se vea al actor hecho pedazos en medio de un charco de sangre, pero no es suficiente.

 

* Profesor de Educación Media