•   Managua, Nicaragua  |
  •  |
  •  |
  • elnuevodiario.com.ni

Recuerdo que cuando leí el libro - testimonio “Reportaje al pie del patíbulo”, publicado en 1945, del periodista y escritor checo Julius Fusik (Praga, 23 febrero de 1903, asesinado en Berlín el 8 de septiembre de 1943), me quedé eAstimulado y sorprendido en mi conciencia por el derrumbe de mi soberbia de muchacho de dieciséis años.

Como lectura de esa época supe que como prueba de vida era necesario entregarse a la lucha tenaz contra el nazismo – fascismo, al encuentro como hombres y mujeres por el mismo sendero del valor, arrojo y decisión. Y Fusik lo manifiesta desde su condición humana con claridad y contundencia:

“Porque el deber humano no termina con esta lucha y ser hombre continuará exigiendo a cada uno también en el futuro un corazón valeroso, hasta que los hombres sean verdaderamente hombres”.

En su testimonio documental ante el fascismo checo, escrito en la cárcel de Pankrac, muy cerca de su muerte en 1943, no existe la confesión arrojada como efecto propagandístico, y es así porque no busca que le rindan culto de admiración, no pretende influir ni convencer con sus ideas comunistas, tampoco busca el reconocimiento por su íntegra vida. Ni por haber salvado miles de vidas con su estremecedor silencio ante los torturadores de la Gestapo, que le descargaban tremendas palizas y todo tipo de sufrimientos.

Pese a su extrema condición en la cárcel evidencia el fin del nazismo y da cuenta de celebraciones secretas del primero de mayo de 1943 en la cárcel de Pankrac. Cree en el triunfo de la revolución. Su ejemplo no es una falsa imagen egoísta. Tampoco pretendió llenar ningún vacío, ni declararse héroe. Su ternura no se lo permitió. No exageró por el deber cumplido. No se jactó de ser protagonista de una mística. Fusik creyó en la sencillez y en la abnegación como parte de la heroicidad cotidiana de hombres y mujeres de carne y hueso, y que dicho acto podía devenir con la muerte.

“El héroe es un hombre que, en el momento decisivo, da todo para hacer lo que debe hacer en interés de la sociedad humana”. Fusik no se lamentó por disponerse a luchar por el interés de la humanidad en detrimento de su propia existencia. Fue revolucionario, comunista convencido, y un hombre íntegro. Es un luchador que confía en la verdad y que escribe para el futuro como exaltación a la humanidad. En todo su testimonio insiste en no olvidar a los héroes anónimos, a quienes llama servidores del futuro.

“Reportaje al pie del patíbulo” es un monumento enorme de profundo humanismo desde “la vida que cuesta tanto abandonar”. Desde el horror de la guerra para trasmitir el amor por la vida. Es un testamento desde el oficio de escritor y periodista para convertir en relato su noción totalizadora de la realidad que vive y muy determinante su propia muerte. Ejerció el periodismo desde la vivencia transformadora de la solidaridad, escribiendo con conocimiento personal, valiente, emotivo, creativo, pensando distinto frente a la intolerancia y la opresión, con la estafeta de un hombre que amó la libertad de los hombres.

Fue, sin duda, un provocador de la paz. Un persistente que se opuso a “los bastardos que deciden nuestras vidas”, como dijera la periodista italiana antifascista Oriana Fallaci. Fusik comprendió que el periodismo, como un motivador de solidaridad, demarcaba un compromiso para asumir las máximas consecuencias. Su testamento

de periodista está referido en relatar los hechos históricos y dramáticos tal como acontecieron en una cárcel de la Gestapo como parte de la historia contemporánea. La narración en primera persona reconstruye una gran crónica con instantes precisos que dan cuenta de sus emociones, esperanzas, del porqué se encuentra ahí, desde su captura hasta su asesinato.

Fusik sabe de sus impedimentos para continuar escribiendo, a prisa, al enterarse de la captura de su esposa Gusta y ser trasladada a Polonia: “Me quedan algunas semanas, quizá dos o tres meses de vida. Parece que mi existencia ha pasado al tribunal. Ahora habrá talvez unas cuatro semanas de acusaciones contra mí en la prisión de Pankrác, y luego aún dos o tres meses hasta el fin. Este reportaje no será terminado. Tendré la oportunidad de continuarlo si aún tengo la oportunidad en estos días. Hoy no es posible. Hoy tengo la cabeza y el corazón llenos de Gusta”.

Cada ocho de septiembre, Día Internacional del Periodista, recordamos al cronista formidable Julius Fusik, en su tránsito de la memoria contra el olvido como en una especie de diario corriendo contra la ofensiva de la muerte: “¡Hombres, os he amado!”.

 

* Poeta y periodista.