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“...los ahorradores, no encontrando recompensas suficientes en sus inversiones comunes, se apresuran a invertir en cualquier cosa que prometa retribuciones especiales...”

Walter Bagehot

En 1919, en Estados Unidos Carlo Ponzi creó una compañía que prometía pagar grandes tasas de rendimiento a todas aquellas personas que decidieran arriesgarse a invertir en su empresa; los primeros inversionistas incrédulos, al ver que estaban recibiendo la tasa de rendimiento pactada, popularizaron su éxito y en poco tiempo la fama de Ponzi se expandió, logrando que más de diez mil personas le confiaran sus ahorros. Pero lo que desconocían estos inversores es que Ponzi lo que realmente había configurado era un esquema de fraude piramidal.

Pero la estafa de Ponzi fue ampliamente superada 90 años después por su seguidor más inteligente, el famoso y perspicaz inversor Bernard Madoff, quien durante 40 años dirigió la mayor estafa piramidal de la historia (cifrada en 50,000 millones de dólares). La compañía financiera de Madoff resultó ser un gigantesco esquema piramidal, imitando el estilo de Ponzi, pero adaptado al mercado de capitales. Por esta estafa la Comisión de Valores y Bolsa de Estados Unidos (SEC) acusó en el año 2008 a Madoff y fue condenado a 150 años de prisión.

Tanto Madoff como Ponzi utilizaron la estafa piramidal, que actúa de la siguiente manera: en la parte superior de la pirámide se sitúa siempre el creador de la compañía, una persona o empresario que basándose en sus conocimientos sobre inversión, economía y gestión de negocios, invita a amigos, conocidos y demás personas a formar parte de su lucrativo negocio prometiendo unos rendimientos superiores a los que se podrían obtener en el sistema financiero regulado, utilizando este elemento para seducir a sus víctimas.

Pero lo que no saben los inversores embaucados es que la compañía creada por los estafadores se caracteriza por no tener una actividad económica que la sustente, ya que no hay una verdadera fuente de creación de riquezas; el sistema tramposo actúa pagando los rendimientos o utilidades al primer inversionista con el dinero que aporten los subsiguientes inversores.

De esta forma, para que funcione la pirámide los embaucadores tienen que asegurarse que siempre existan más clientes nuevos que antiguos, ya que en el momento que dejen de tener clientes nuevos el sistema empezará a colapsar, sobre todo cuando la gente comienza a retirar su inversión. Para ese momento los inversionistas mejor informados recuperarán su dinero, pero el resto se puede quedar sin nada, siendo los más perjudicados los últimos en participar del negocio porque no recibirán ni los intereses prometidos ni la inversión inicial.

Este esquema ha sido elaborado en muchos países con diferentes matices. En el caso de Nicaragua, en los últimos años hemos sido testigos del accionar de empresas como Agave Azul, Marca Móvil y Aeronic, que aunque fueron creadas cumpliendo con las formalidades legales, su verdadera esencia económica era la estafa, bajo el sistema piramidal Ponzi.

Estas empresas defraudadoras cometieron en Nicaragua el delito de estafa agravada, pues con el propósito de obtener un provecho ilícito mediante ardid o engaño, indujeron y mantuvieron en error a sus inversores, quienes dispusieron y entregaron su patrimonio, causándoles un daño y perjuicio económico al desaparecer el monto de su inversión. Cabe señalar que esta conducta delictiva se encuentra tipificada en el capítulo V del Código penal en los Art. 229 y 230.

Pero estos casos se siguen presentando, ya que en las últimas semanas ha llamado poderosamente la atención el escándalo de la denuncia de estafa de la que fueron víctimas la congregación de monjas teresianas. Si bien es cierto no es precisamente un esquema de pirámide, pues tiene más parecido a una estafa vulgar, nos ha hecho recordar que en el mundo de los negocios muchas veces está presente el fraude, el engaño y la estafa, sobre todo cuando algunos supuestos empresarios sin escrúpulos buscan utilidades a cualquier costo, olvidándose por completo de la responsabilidad social empresarial.

El daño que estos estafadores hacen no es solamente a sus víctimas, pues afectan lo más importante en el sistema económico al deteriorar la confianza del público inversor.

 

* Msc. Catedrático de Finanzas en la UAM.